jueves, 29 de septiembre de 2011

Historias de miedo y medio - II

Ruidos en la enramada

Una noche de verano, mientras cenábamos en el porche de la casa, comenzó a oírse un extraño ruído en la enramada de la pérgola del jardín.
        
         Era una especie de chirrido apagado e intermitente que no me recordaba a nada de lo que hasta el momento había escuchado. Estábamos hablando de la clase de animal que podría producirlo cuando cesó de repente y ya no se volvió a sentir, al menos durante el tiempo que estuvimos fuera de la casa.

         Al cabo de varias noches se dejó oír de nuevo y Tintín estuvo ladrando en las cercanías de la pérgola hasta que el ruído desapareció. Yo no le dí mayor importancia pero Martina se mostró bastante preocupada.

         A la mañana siguiente me pidió que revisara la enramada y así lo hice pero no encontré nada que indicase la presencia de ningún animal. Miré y remiré por si hubiese un nido o algún rastro que me diese una pista sobre el productor del dichoso ruidito pero nada, todo fue inútil.

          Aquella noche ya no se oyó el chirrido pero la vara que utilicé para registrar la enramada no he vuelto a verla por ninguna parte, seguramente se la llevaría la Zumaya en el pico.
        

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