sábado, 26 de mayo de 2012

Que no nos toque un Roque


Si había algo a lo que Roque temía era a las consecuencias de decir la verdad. En sus años de infancia y adolescencia cuando su padre le preguntaba si había ido al colegio, él decía siempre que no porque, en caso contrario, le preguntaría si el profesor estaba contento con su trabajo, si había hecho los deberes en clase, si las notas eran buenas etc.,… pero contestando negativamente sólo se exponía a un guantazo y a quedarse castigado, cosas a las que estaba acostumbrado y no le suponían un gran contratiempo. Mentía pues para ahorrarse problemas mayores.
Con los años esta costumbre se instauró en él con tanto arraigo que llegó a ser un mentiroso profesional. Falseó su curriculum y obtuvo un puesto de trabajo en el que ganaba el dinero a espuertas y no tenía que hacer prácticamente nada. Con el producto de esta actividad montó una oficina de información comercial para engañar a las empresas acerca de sus posibles clientes y encima cobraba cantidades astronómicas por ello. Sacó todo su capital del país y lo envió a un paraíso fiscal antes de declararse en quiebra para no tener que pagar a ninguno de sus acreedores y, además, como sus deudas eran tantas y tan grandes, le metieron en la cárcel pero salió al poco tiempo porque, según decía, había tenido un comportamiento ejemplar.
Si continúa en esta línea, ¿quién sabe a dónde podrá llegar en un futuro no demasiado lejano?
Seguramente los “Roques” no existen, ¿o sí?

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