Era
razonablemente lógico que la cosa no fructificase: él homosexual confeso y ella
dirigente del club de lesbianas de su barrio, pero no por eso se arredró su tía
la casamentera, no, y por esa misma razón intentó lo indecible para conseguir
que cada uno siguiese su propio camino y así no mermaría su fama de celestina
que ya empezaba a ser importante en la comarca. Definitivamente ese
emparejamiento era inviable, sería necesario buscarle a cada cual su media
naranja y eso no debería ser demasiado difícil habida cuenta de la cantidad de
gente que había asistido al convite de la boda.
Curioso relato. ¿Primero los casa y luego quiere buscarle a cada uno su media naranja? Retorcido, ingenioso y encantador.
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