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domingo, 23 de junio de 2013

Tránsito



Ordenaron colocarle una venda en los ojos y, sorprendentemente, no se resistió pues poca cosa podía hacer con las manos atadas. Esta actitud envalentonó a sus captores que habían sufrido en propias carnes la violencia de sus golpes al defenderse cuando entre tres le hicieron prisionero. Ahora, pensó, me llevarán a su guarida y entonces será el momento de desembarazarme de las ligaduras y de la venda para ajustarles las cuentas.
El ruido creciente de un motor le advirtió de la llegada de su transporte…
El impacto contra el camión fue brutal y pasó del sueño a la otra vida sin darse cuenta.

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