Llevaba
ya un buen rato inspeccionando el terreno palmo a palmo. Nada pasaba
desapercibido para su vista perfectamente entrenada. Aún no había atisbado ni
siquiera un leve movimiento en algún arbusto que pudiera delatar la presencia
de un ser vivo cuando sintió el silbido del proyectil que pasó rozando su
cabeza. Inmediatamente se puso en guardia y pensó a toda velocidad en buscar un
lugar donde refugiarse. Un nuevo proyectil le pasó rozando y comenzó a pensar
que verdaderamente tenía un problema. Trató de identificar el origen de
aquellos disparos y una pequeña columna de humo le hizo dar un respingo que le
salvó la vida de milagro. ¡Aquél imbécil no sabía que a las águilas no se les
puede disparar…! ¿Dónde estarían los forestales?
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ResponderEliminarMe gusta que te gustey, a propósito no puedo ver tu blog. Cuál es la dirección?
ResponderEliminarwww.libelulasenlibertad.blogspot.com
ResponderEliminarwww.lacajadegalletas.blogspot.com
Ok, gracias
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