La
oscuridad era absoluta. Por más esfuerzos que hizo no consiguió ver ni siquiera
su propio cuerpo. Aquello ya era demasiado raro, como para pensar que se
encontraba inmerso en un mal sueño, pero sabía que estaba despierto, totalmente
despierto pues no hacía ni cinco minutos que había tomado café en aquél tugurio
de mala muerte y allí preguntó al camarero, de cara apergaminada, por la
dirección que buscaba… ¡Ah, ya! ¡Cómo no se había dado cuenta antes si estaba
clarísimo!... Se había equivocado de camino y había ido a meterse directamente
en la “boca del lobo”.
No perdamos de vista que en el cuento de Perrault la mala de verdad era la madre...
ResponderEliminarUn saludo
Juan M
¡Completamente de acuerdo! Esa madre mandando a la hija por el bosque con tanto peligro. ¡Coño que baje la abuela! ¡O suba ella!.
EliminarPor cierto... ¿ha visto "La verdadera historia de caperucita roja"? La de dibujos, no el sucedáneo que se hizo.