Noche
cerrada. Llovizna persistente. Hay una oscuridad casi absoluta cuando se
vislumbra una sombra que se arrastra rápidamente por el tejado y en un momento
dado resbala y baja hasta el alero donde se detiene afortunadamente antes de
precipitarse en el vacío. Un nuevo resbalón y una de sus siete vidas se podría
estrellar contra el empedrado de la calle desde diez metros de altura. El
felino ni se inmuta y vuelve a remontar hacia lo alto, eso sí con mucho más
cuidado que antes. Estaba claro que era una gata.
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