Olía
mal, olía peor que mal, realmente era un olor nauseabundo que levantaba el
estómago y producía unas ganas irrefrenables de vomitar pero al cabo de un rato
el hedor se iba haciendo poco a poco soportable, tanto es así que después de
quince minutos ya no era perceptible. Algo parecido pasa con la corrupción. ¿O
no?
parecido no, igualito!!
ResponderEliminar