Explotó con un gemido ronco y profundo
que parecía salir de lo más hondo de su alma. Las lágrimas fluyeron a
borbotones de sus ojos y ni siquiera se preocupó de enjugarlas con un pañuelo dejándolas
correr empapando su rostro porque estaba liberando su espíritu y es que llevaba
muchos años sin llorar.
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