Vivía
en un apartamento solo. Tomaba el café solo, el whisky solo, desayunaba solo,
almorzaba solo y cenaba solo. Sólo tenía un hermano, sólo un sillón, sólo un
sofá y sólo una cama. Sólo tuvo una ilusión, sólo tuvo un amor y sólo tuvo un
desengaño. Se paseaba solo, viajaba solo y trabajaba solo. Llegó a sentirse tan
solo que hablaba solo. Era el paradigma de la soledad.
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