Tuvieron
que venir de fuera, sí de fuera, de otro sitio que no es el mío,… que no es el
nuestro, para decirle lo que yo no quería que supiese, que no se enterase,… y
tuvieron que venir de fuera para decírselo, para hacerle daño, un daño que yo
nunca hubiera querido que sintiera en sus entrañas, que le doliese. ¡Maldita
sea! ¿Por qué? Si ellos ni siquiera la conocían, si tuvieron que preguntar por
ella en todas partes hasta que les dieron norte para que la encontraran, y se
lo dijeron, a bocajarro, sin miramiento alguno… ¿Por qué tuvieron que decirle
que era fea?
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