jueves, 20 de noviembre de 2014

Segundos fuera



       Sentía un raro placer con la cara mojada. Con los ojos cerrados esperó impaciente que el agua le volviese a inundar el rostro. Así, así, sin parar, por favor…
─ ¡Segundos fuera!
   Aquella mano que le lavaba y enjugaba con la esponja desapareció. Abrió los ojos y solo vio siluetas borrosas. Se levantó cuando alguien le quitó sin miramientos el banquillo donde había permanecido sentado. Pensó:
─ Maldita campana, no vuelvas a sonar…

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La cartera



         Se tocó el bolsillo interior de la chaqueta y comprobó que la billetera no estaba en el lugar acostumbrado. Volvió sobre sus pasos hasta la parada del autobús donde se había bajado pero nada, no se le había caído o, si ese era el caso, alguien la habría recogido antes de que él volviera a buscarla.
         Comenzó a repasar lo que recordaba de su contenido: carnés de identidad y de conducir, tarjetas de crédito, dinero (unos sesenta euros) y quizás algún resguardo. Bueno, lo primero era anular las tarjetas. Llamó al número que tenía memorizado en su móvil y en un pispás la cosa estuvo hecha. Ahora había que ir a la comisaría más próxima para hacer la denuncia, pero qué denunciaría, una pérdida o un posible robo y, si era así, ¿dónde se la habían robado?
         Comenzó a sudar por el nerviosismo de sentirse atacado en su intimidad y sacó el pañuelo del bolsillo para secárselo. Trató de recordar a toda la gente que había tenido cerca durante la mañana:
         No había chocado con nadie en la calle y tampoco había tenido a ninguna persona tan cerca en la parada del bus… ¡Claro! ¡Cómo no se había percatado de ello en su momento! ¡Qué pedazo de idiota había sido! Aquella chica que se le pegó como una lapa en el autobús repleto de gente y se apeó en la parada anterior a la suya después de regalarle una sonrisa de despedida…
─ ¡Oiga, señor!, ¿es suya esta cartera?, se le acaba de caer cuando sacó el pañuelo del bolsillo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

… y consulte al Farmacéutico



         Si no hubiera sido por su madre, Adelardo habría terminado siendo un delincuente y eso no se cansaba nunca de repetirlo cada vez que venía a cuento y también cuando no. La verdad es que doña Adelaida, su madre, era una señora de armas tomar y le tenía más derecho que una vela incluso ahora que ya frisaba la cuarentena porque Adelardito, (como le llamaba cariñosamente su mamá), estaba soltero y entero y vivía con ella y con la tata que le cuidó desde pequeño.
         Adelardo trabajaba de mancebo en una farmacia y desde hacía unos meses había observado que una clienta nueva acudía cada semana para preguntarle sobre las medicinas que debía tomar para adelgazar.
         Él, como buen profesional, derivaba las preguntas al farmacéutico para que la aconsejara pero  al poco tiempo observó que la clienta procuraba entrar cuando el farmacéutico no estaba y así Adelardo no tenía más remedio que tomar la voz cantante y abordar la situación como mejor le parecía pero siempre haciendo la salvedad que sus consejos eran sólo fruto de la experiencia y no de una titulación de la que carecía.
         Cuando puso el asunto en manos de su madre, ella le dijo:
─ Mucho cuidado con los consejos que le das que tú eres capaz de crear un problema a la pobre señora y como yo me entere que es así, vas a saber quien es tu madre.
Tan al pie de la letra se tomó la recomendación de su madre que en cuanto la clienta volvió por la farmacia, Adelardo la invitó a tomar café en la confitería de la esquina y allí entre sorbo y sorbo y bocado de magdalena intercalado le pidió que se fueran a vivir juntos. Ella, toda arrebolada, le confesó que también sentía algo por él y Adelardo le lanzó de golpe:
─ No, si yo no quiero acostarme con Vd., lo que quiero es vigilar que se tome correctamente las medicinas que le he aconsejado.
        

jueves, 13 de noviembre de 2014

Un pupilo “muy amable”



         Doña Mercedes era viuda de un sargento del cuerpo de Carabineros. Una ridícula pensión, una casa en su pequeña ciudad y una hija preciosa aunque un poco simple fue todo lo que heredó de su difunto esposo.
         La pobre mujer hacía juegos malabares con el dinero para poder llegar a fin de mes y envidiaba la suerte de doña Apolonia su vecina quien tenía un pupilo y con lo que le cobraba por la comida y la habitación vivía sin estrecheces habida cuenta que percibía una pensión aún más escuálida si esto era posible ya que su marido había sido guardia raso de la Benemérita.
         Un día en que doña Mercedes se afanaba en la cocina tratando de hacer una sopa con el mismo hueso de jamón que había venido utilizando toda la semana, sonó el timbre de la puerta. Se limpió las manos en el delantal y miró por la mirilla para ver de quién se trataba. Un varón de unos treinta años estaba al otro lado de la puerta esperando que le abriera.
─ Buenos días, ─ dijo en cuanto doña Mercedes abrió una rendija de la puerta.
─ Vd. me dirá, ─ respondió ella sin dejarse ver.
─ Me han dicho que aquí alquilan una habitación
Aquella frase le sonó a doña Mercedes como si la entonaran los coros celestiales y abrió la puerta de par en par mientras le afloraba una sonrisa de oreja a oreja.
─ Por supuesto que sí, joven, pero pase, no se quede ahí que en la salita podremos hablar con más comodidad.
         Saltaré los pormenores del asunto porque el joven que se llamaba Rosendo y la desde ahora su patrona, doña Mercedes, llegaron a un acuerdo como no podía ser de otra manera.
         Le adjudicó la habitación de su hija que tenía un balcón a la calle y la chica pasó a dormir en la habitación del fondo del pasillo que daba a un patio interior.
         A partir del segundo mes de permanencia del pupilo en la casa, éste comenzó a llegar con alguna fruslería para obsequiar a su patrona: Una cajita de bombones, un pañuelito bordado, un ramillete de violetas,…
         Tan obsequioso se volvió Rosendo que doña Mercedes comenzó a plantearse si no la estaría galanteando y cada día se fue mostrando más cariñosa con él tanto es así que una noche después de haber dado cuenta de una botella de champán que había aportado el pupilo, doña Mercedes, envalentonada por la ingesta de alcohol, se puso un camisón cortito y transparente de esos que llaman “picardías” y, cuando el silencio se adueñó de la casa, se dirigió de puntillas a la habitación de Rosendo pensando meterse subrepticiamente en su cama para compensar los regalos de su supuesto enamorado.
         En el momento de ir a abrir la puerta escuchó atentamente y pudo oír a Rosendo que decía:
─ Merceditas, ¿tú estás segura de que le echaste el somnífero a tu madre en la copa de champán?

miércoles, 12 de noviembre de 2014

La estraperlista

        Yo nunca supe su nombre porque siempre que en casa se referían a ella la llamaban simplemente “la estraperlista”.
         La casa de la estraperlista o, al menos, la parte de la casa que enseñaba a los clientes estaba constituida por una salita y un comedor.
En la sala había una cómoda enorme de cuyos cajones sacaba las sábanas y los juegos de toallas que tenía para vender así como medias de cristal, pañuelos para la cabeza y mantones de Manila con coloridos bordados de flores y pavos reales.
En el comedor no había sillas, una mesa rectangular en el centro y tres vitrinas de diferentes estilos llenas de figuritas que hacían las delicias de chicos y mayores: la pareja de viejos en varios tamaños, las familias de animales, las figuras de pájaros, las muñecas rusas que se abrían varias veces para ir mostrando en su interior una figura más pequeña, los relojes japoneses, los collares de perlas cultivadas, el tabaco de contrabando y miles de cosas más. En la mesa se presentaba un muestrario de vajillas, cristalerías y juegos de café desde los diseños más sencillos a los más extravagantes.
Cuando mi madre nos decía que iríamos a casa de la estraperlista, para nosotros era una fiesta de lo más grande y es que íbamos a nuestro “Corte Inglés” particular.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Guardar secretos



La verdad era que, si se paraba a pensarlo con tranquilidad, la cosa no era tan complicada como le había parecido en un principio y, además, no se lo había contado a nadie aún por lo que la importancia del hecho sería menor que la que parecía tener cuando descubrió el asunto, así que si no se destapaba el suceso nunca pasaría al conocimiento de los demás.
Decidido: sería como una tumba y guardaría el secreto para que jamás se supiera y le dejaran vivir su vida con toda tranquilidad.

martes, 4 de noviembre de 2014

Llegó Noviembre



         Como una sigilosa sombra que va comiendo poco a poco las tardes llegó Noviembre, el noveno mes, aunque en nuestra manera de contar el tiempo lo situemos en el undécimo lugar de los que componen nuestros años.
         Noviembre huele a cementerio adornado con flores pero aún así sigue teniendo connotaciones tristes e incluso lúgubres para mucha gente como es mi caso: el día primero de este mes hizo dos años que nos dejó mi madre.
         No sé si será solo por esto pero a mí Noviembre no me gusta, ni ahora ni antes, esa manera edulcorada de recordar a los muertos adornando sus tumbas con bellas y aromáticas flores me da escalofríos y me pone nervioso. Tal vez por esa razón me cueste el retomar el ritmo de mi producción escrita pero no hay más remedio y atravesaré sus días y sus noches perezosamente hasta que llegue San Andrés.

jueves, 30 de octubre de 2014

Bailar



Abrázame muy fuerte, no te sueltes
llevo una eternidad soñando este momento
quiero perder mis manos en tu ropa
quiero perder mis labios en tu cuello
quiero que tus caricias me acaricien
quiero que tu calor se meta dentro
quiero que tus caderas me mareen
con ese tu vaivén, tu balanceo
quiero sentir tu cuerpo palpitante
moviéndose a compás junto a mi cuerpo
quiero bailar estando muy juntitos
quiero bailar, pero bailar contigo.

martes, 28 de octubre de 2014

Así no hay quien duerma



No sé el porqué pero tengo la dichosa habilidad de complicarme la vida en los momentos más inoportunos. ¿Quién me mandaría a mí asistir a la inauguración de la galería de arte de mi primo Ramón cuando hacía ya más de quince años que no manteníamos relación alguna? Nada más llegar y saludar a Ramón, va mi pariente, (con la mejor intención), y me presenta a un tipo con aspecto de mafioso al que le sobra el dinero negro que se ha empeñado en encargarme el proyecto del chalé de sus sueños y aquí estoy yo con los ojos como platos a las cinco de la madrugada devanándome los sesos para buscar la manera de salir del atolladero habida cuenta que la carrera de arquitectura la dejé en el segundo cuatrimestre y lo que terminé fue veterinaria, pero mi primo Ramón no lo sabe y no se lo pude decir porque el fulano me sacó de la galería y me acompañó, junto con sus dos guardaespaldas gorilescos, a mi casa para que me pusiera manos a la obra con su proyecto que, según dice, es urgente.

lunes, 27 de octubre de 2014

A tu ausencia



Sudoroso, agitado y tiritando
desperté de mi sueño de repente
con tu ausencia dormida justo al lado
y aturdido te busco torpemente
sin creer que de noche te has marchado.
Sólo queda tu olor en mi almohada,
me quedo en soledad aprisionado.
Es hora de salir de mi escondite
y vagar por ahí desorientado
sin saber dónde estás ni adónde fuiste
amante de tu amor emborrachado.
Con paso vacilante y aire triste
no dejo de buscar desesperado