miércoles, 22 de febrero de 2017

Persecución interrumpida



Miraba hacia atrás sin interrumpir su carrera y es que su perseguidor no le daba tregua desde hacía ya bastantes minutos. Ángel era un chico de dieciséis años que lo único malo que había hecho era coger una manzana del puesto de frutas de la esquina, pero, cuando el dueño del establecimiento lo vio, salió corriendo tras él gritando como un loco aquello de “Al ladrón, al ladrón”.
Cruzó la calle raudo como una centella y esquivando a duras penas los vehículos que circulan por ella a esas horas de máxima densidad de tráfico. Su perseguidor no se arredró y se zambulló también entre el tráfico rodado arrancando una nueva sinfonía de bocinas igual a la que había producido su predecesor.
En medio del vértigo de la persecución, la mirada del muchacho se encontró con la de Laura, una chica a la que estaba cortejando en el Instituto desde hacía unas semanas sin éxito aparente. Ángel detuvo su carrera al llegar a la altura de la chica y, gentilmente, le ofreció la manzana que ella acogió con una sonrisa que casi hizo que el joven se derritiera.
El frutero estaba ya a punto de alcanzar al muchacho cuando éste volvió la vista atrás y, sin despedirse siquiera de la chica, continuó su carrera con renovadas energías desapareciendo de la vista de su perseguidor al escabullirse entre una grupo de japoneses que, cámara en ristre, fotografiaban todo lo que se ponía al alcance de sus objetivos.
Ángel respiró tranquilo mientras iba relajando poco a poco el ritmo de su carrera: Laura y la manzana estaban a salvo de su perseguidor.

martes, 21 de febrero de 2017

La llave



Acababan de servirme el desayuno cuando se me cayó la cucharilla del café al suelo. Me inclino para recogerla de debajo de la mesa y mi vista se fija en otro objeto que se encuentra junto a ella: una llave. Una llave nueva y brillante que recogí a la vez que la cucharilla caída.
Llamé al camarero para que me cambiase la cucharilla y le pregunté si alguien había ocupado la mesa antes que yo esa mañana.
─ Pues no, esta mañana es Vd. El primero que se sienta en la terraza.
─ Es que me acabo de encontrar una llave debajo de la mesa.
─ Si quiere la guardo en el mostrador por si alguien pregunta por ella.
─ No se hable más, guárdela por si su dueño viene a buscarla.
 Acabé mi desayuno, pagué la consumición y me fui a la oficina.
La verdad es que aquella mañana no tenía demasiado trabajo pero lo cierto es que la dichosa llave volvía a mi pensamiento una y otra vez como si de un boomerang se tratara. ¿A quién pertenecerá? ¿Cuál será la puerta que abre? Estas y otras preguntas por el estilo me martillearon el cerebro durante toda la mañana de tal forma que, cuando acabó mi horario de trabajo me dirigí directamente al bar donde la había encontrado. Me acerqué a la barra donde estaba el mismo camarero que me atendió por la mañana y le pregunté por la dichosa llavecita.
─ Pues no, mire Vd., nadie ha preguntado por ella.
─ Entonces, si no le importa, me la quedaré como recuerdo y, si alguna persona preguntase, me lo dice cuando venga a desayunar mañana.
El hombre estuvo de acuerdo y yo me guardé la llave en el bolsillo y me fui a mi casa.
Llegué al portal y un vecino que salía me sujetó la puerta para que entrase. Le di las gracias y subí la escalera de dos en dos escalones para, en un santiamén, plantarme ante la puerta de mi piso. Metí la mano en el bolsillo y saqué el llavero… ¿qué raro?, pensé repasando todos los llavines, aquí falta la llave del piso… ¡Madre mía!, sólo me faltó gritar: la llave del piso era la que encontré debajo de la mesa del bar, ayer tarde saqué una copia y la vieja se la di a mi nuevo compañero de casa.

domingo, 19 de febrero de 2017

Diálogo estúpido



─ Parece que va a llover
─ ¿Estás seguro?
─ Creo que sí, la previsión del tiempo da agua y, además, el vientecillo que corre es de lluvia.
─ Pues yo no veo ni una nube… bueno sí, allí se ve una pero está muy lejos y es blanca cuando las de lluvia son bastante oscuras.
─ Pues aunque tú no lo creas, hoy va a llover.
─ Claro, son solo las ocho de la mañana y aun quedan bastantes horas…, así cualquiera hace un pronóstico.
─ Vale, vale, haz tú un pronóstico, listillo…
─ Te diré que yo creo…
─ Creo, creo, creo no, afirma.
─ Entonces yo afirmo que no va a llover.
─ ¿Cuándo?
─ Pues esta mañana.
─ Eso quiere decir que esta tarde sí puede llover, ¿no?
─ Esta tarde… quien sabe…
─ Lo ves, esta tarde puede llover, ¿o no?
─ De acuerdo esta tarde puede que llueva, pero vamos a dejar ya la discusión que tenemos que echar el abono antes de que empiece la lluvia.

jueves, 16 de febrero de 2017

¿De quién era?



Despertó cuando la luz del sol que se filtraba por las rendijas de la persiana le dio en los ojos que, aunque cerrados, reaccionaron y se abrieron de golpe como si un resorte les hubiera empujado.
Instintivamente alargó el brazo tanteando sin mirar el otro lado de la amplia cama pero nada hacía sospechar que allí hubiera dormido nadie, sin embargo, tenía la sensación de haber pasado una noche más que tumultuosa. Habrá sido un sueño, pensó, pero el sueño lo tenía la mar de fresco en su conciencia:
Él la había estado mirando descaradamente durante un buen rato y, cuando fue al tocador para retocarse, la estaba esperando y, sin más preámbulos, la había estrechado entre sus brazos y la había besado como nunca nadie lo había hecho antes o, al menos, así lo recordaba…, pero, al parecer, sólo había sido un sueño erótico tal vez provocado por la bebida y el largo periodo de abstinencia que llevaba desde que dejó plantado a su último novio.
Bueno, se dijo, basta ya de elucubraciones mentales que, aunque sea sábado, siempre hay cosas que hacer y en la cama no es posible…
Tanteó debajo de la cama buscando sus zapatillas y… lo que sacó no era precisamente una zapatilla sino un zapato de hombre de la talla cuarenta y uno.

martes, 14 de febrero de 2017

ESAS TARDES DE INVIERNO



Esas tardes de invierno
que se van tan deprisa
y cuando te das cuenta
ya están casi muriendo.
Apenas te dan tiempo
a apurar el café
y ni siquiera arropan
a los humildes pájaros
que se encuentran su árbol
desnudo y sin cobijo
para pasar la noche
y guardarse del frío.
Esas tardes de invierno
a veces ni calientan
por mucho que sus cielos
estén sin nube alguna,
lo mismo que nos pasa
a los seres humanos
al sentirnos ufanos
de lo que proponemos
aunque nunca tratamos
de hacerlo realidad.

domingo, 12 de febrero de 2017

AROMAS



Es que son los aromas
quienes en mí despiertan
lo que tengo escondido
muy dentro de mi ser.
Aromas que son fuente
de miles de pasiones
que intento someter.
Pasiones y deseos
que saben de mis sueños,
pasiones y temores
que saben de mis miedos,
pasiones que me oprimen
con fuerza el corazón,
pasiones y desvelos
me agobian sin cesar,
pasiones, sinrazones,
pasiones son, en fin,
que me dominan cuando
percibo los olores
que traen a mi presente
recuerdos de otro tiempo
y me acercan a ti.

jueves, 9 de febrero de 2017

SI SE NOS MUERE EL TIEMPO



Si se nos muere el tiempo
porque quiso impedir
que hiciéramos eternas las esperas.
Si se nos muere el tiempo
de tanto sinvivir
y tanta angustia.
Si se nos muere el tiempo,
digo, si se nos muere,
moriremos también pues nuestras vidas
se sujetan a él y en él terminan.

martes, 7 de febrero de 2017

Nueva página



Con el título de “Una comida Caníbal” acabo de publicar una página que podéis ver si pulsáis sobre la pestaña que lleva su título.
Espero que apreciéis el humor negro porque, si no es así, podría resultaros, como poco, chocante. Lo dicho, que disfrutéis con el menú.

sábado, 4 de febrero de 2017

SONETO PRIMAVERAL



Mañanas luminosas de Primavera,
que invitan a un vivir apasionado
los radiantes días de la estación primera
y nos hacen sentir acelerados.

Apurando los tiempos por si acaban
aunque sabemos bien que eso no es cierto,
que tenemos más tiempo y aún reclaman
las notas de ese último concierto

de música feliz y emocionante
que nos hace vibrar y nos levanta
el corazón que aprieta palpitante

mientras las ilusiones todas se agigantan
y nada vuelve a ser ya como antes
pues todo en el paisaje se engalana.

viernes, 3 de febrero de 2017

El “Viaje”



Nadie tuvo el valor de decir no, nadie pensó decirlo pues negarse equivalía a despreciarle y el desprecio es moneda que se utiliza poco en esta relación que nos atañe.
Nada se pudo hacer sino esperar aunque la espera pudiera ser en vano y no hubiese remedio para cuando todo estuviera terminado.
La vida es eso, una agonía continua que nos aboca de forma irremediable al viaje de ida sin retorno sin darnos tiempo casi siempre a prepararlo.
La verdad es que había comprendido que no tenía mucha gente que le quisiera y no tenía claro si seguir adelante o no con el suicidio por si luego nadie asistía a su entierro...