miércoles, 18 de octubre de 2017

TAL VEZ



Tal vez  tengamos que hablar antes que nada,
antes que nadie
nos vuelva a separar sin un motivo.
Tan sólo una sospecha no fundada
nos puede destrozar estos momentos
porque las apariencias
encienden envidias y recelos
donde nunca debió surgir la duda.
Tal vez tengamos que hablar antes que nada,
antes que nadie
nos haga destruir lo que tenemos.
Tan sólo las verdades nos protegen
de las insidias de los que no nos quieren
y sus mentiras
nos hacen flaquear y nos inquietan
haciendo que el amor se tambalee.

lunes, 16 de octubre de 2017

NO CUENTES MÁS CONMIGO



No cuentes más conmigo
si lo que quieres es perder el tiempo,
no cuentes más conmigo
para enredar los hilos del querer,
no cuentes más conmigo
si quieres engañar a tus amantes,
no cuentes más conmigo
te lo repito una y otra vez,
no cuentes más conmigo,
no, no cuentes más… conmigo.

sábado, 14 de octubre de 2017

NO TE PUEDO OLVIDAR (Canción)



No pongas más mentiras en mis labios
ni digas a la gente que te herí,
tal vez sólo perdimos unos años
y pienso que se puede repetir.

Quisiera comenzar un tiempo nuevo
que arranque desde cero hasta un final
que pueda ser un último deseo
de amor que no se pueda terminar.

Podemos separarnos para siempre
dejarlo todo muerto y olvidar
culparnos del fracaso mutuamente
y no volver a vernos nunca más.

Pero yo no te olvido,
no te puedo olvidar,
por siempre en mi recuerdo
tú te vas a quedar.

jueves, 12 de octubre de 2017

OLORES Y ZUMBIDOS



El fuerte olor del polen de algarrobo
me saluda al salir al jardín por la mañana
y luego, poco a poco voy sintiendo
el monótono zumbar de las abejas
que van haciendo acopio sin cesar
para poder hacer su miel en la colmena.
Estos días de otoño me hacen recordar
a otros días de otoños ya pasados
mas sin duda que vuelvo a disfrutar
como el niño que va a estrenar calzado.

martes, 10 de octubre de 2017

El misterio del sobre cvado en la puerta



Timoteo Timor miró el sobre que le acababa de entregar su secretaria:
- Pepita, dice Vd. que lo ha encontrado clavado en la puerta, ¿verdad?
- Sí señor, clavado con una chincheta de color rojo por más señas.
- ¿Y en el buzón que está en el portal no había nada?
- Nada de nada, bueno sí, había un panfleto de propaganda.
- Se puede saber qué anunciaba (Aquello parecía un interrogatorio en un juicio)
- Pues sí, se puede saber…
- Pues dígamelo sin más dilación, señorita.
- Anunciaba ataúdes y recipientes para guardar cenizas, era el anuncio de una funeraria.
El abogado hizo un gesto de extrañeza y se dispuso a abrir el sobre. Sacó el papel que había dentro y leyó… La sangre huyó de su semblante que se volvió cerúleo, su corazón comenzó a palpitar como si se tratase del galope de un caballo de carreras, sus ojos se dilataron tanto que parecían querer salirse de sus cuencas, en definitiva, se le puso una cara de besugo de mucho cuidado… Intentó tragar saliva pero su boca estaba seca como un desierto y sólo consiguió atragantarse. A continuación entró en un mutismo que le duró más de dos horas. En ese lapso de tiempo observó cómo su secretaria recogía lo que tenía encima de la mesa y se marchaba sin decir ni pío. Se levantó para ir al baño. Un sudor frío bañaba su cara y cuando se miró en el espejo se asustó de su propio aspecto. Se lavó la cara y las manos y se mojó el cabello como si quisiera refrescarse las ideas.
Volvió al despacho, cogió la funda sobaquera que reposaba en el perchero, se la ajustó y colocó en ella la pistola que guardaba en un cajón de la mesa después de comprobar que estaba cargada. Tomó de nuevo el sobre en sus manos y releyó el mensaje que contenía: “En el buzón tienes la propaganda”. Comprobó que el teléfono tenía línea, observó a través de la mirilla y apagó las luces para después situarse junto a la ventana. Un ruido a su espalda le hizo volverse como si tuviera un resorte y echar mano a su pistola…
Las luces se encendieron de pronto, el ratón corrió a esconderse en su agujero y la araña comenzó a darse un festín a cuenta de la mosca, Pepita, con una tarta en las manos y rodeada de sus mejores amigos comenzaron a entonar el “Cumpleaños feliz” y él con un gesto indescriptible en la cara, mitad de espanto y mitad de felicidad, soltó la pistola encima de la mesa…

lunes, 9 de octubre de 2017

Pepita



Pepita era una chica rubita, de ojos azules que se ocultaban detrás de unas gafas de un modelo un tanto anticuado. Su figura no era nada del otro mundo y, seguramente, no habría ganado ningún concurso de belleza aunque tampoco le interesaba en absoluto pues su ilusión en la vida siempre había sido llegar a ser secretaria de dirección y, aunque con ciertas limitaciones, lo había conseguido, era la secretaria del bufete de don Timoteo Timor, más conocido por “Tití”, abogado en ejercicio que se dedicaba principalmente al turno de oficio amén de algún caso de poca monta y menos peculio.
Trabajaba a media jornada de 14 a 18 horas por lo que se llevaba la comida al trabajo y llegaba a eso de las 13,30 para almorzar antes de comenzar su tarea diaria. Por esta razón encontró el sobre que, dirigido a su jefe, estaba clavado con una chincheta en la puerta del apartamento que servía de oficina.
El abogado llegó, como era de costumbre, a las cuatro aproximadamente y ella le entregó el sobre que era la única correspondencia recibida. Mantuvieron una breve conversación y siguió con su trabajo.
Estaba encendiendo el enésimo cigarrillo rubio de la tarde cuando contempló cómo la cara de su jefe se ponía blanca como la cera cuando leyó el papelito que había dentro del sobre. El pobre Tití trató de carraspear y casi se ahoga en el intento de tal manera que, con los ojos desmesuradamente abiertos, se le puso una cara de besugo que era todo un poema.
El letrado no dijo ni palabra en las dos horas siguientes por lo que Pepita, una vez llegada su hora de salida, recogió sus cosas y se largó a su casa.

sábado, 7 de octubre de 2017

La mosca



La mosca estaba posada sobre la mesa del despacho cuando se apagó la luz. Poco a poco intentó acostumbrar el mosaico de su visión a la oscuridad reinante pensando en cambiar de posición para buscar un lugar más recogido y pasar allí la noche.
Mientras tanto se dedicó a acicalar sus alas llenas de polvo de todo un día en aquél ambiente cerrado a cal y canto y lleno de humo del tabaco rubio que la secretaria fumaba compulsivamente.
La escasa iluminación de las farolas de la calle no le permitía encontrar un nuevo posadero. Las luces de los autos que pasaban de vez en cuando por la calle le permitieron vislumbrar la pantalla de la lámpara y, sin pensarlo dos veces, voló en aquella dirección hasta que algo pegajoso interrumpió su vuelo. Mientras se debatía intentando desembarazarse de la telaraña que sujetaba su cuerpo escuchó el sonido de la caja de cerillas y vio cómo el abogado, que estaba mirando por la ventana, se volvía rápidamente y echaba mano a su pistola, lo que no pudo observar era que la araña se le venía encima…

jueves, 5 de octubre de 2017

La araña



Silenciosamente la araña iba descendiendo agarrada a su hilo desde la telaraña de la lámpara del despacho. Con la luz apagada y lo poco que alumbraban las farolas del exterior el animalejo trataba casi en vano de orientarse en el espacio de la habitación. El paso de un vehículo con las luces encendidas fue como un candilazo que le hizo ver la cercanía de la caja de cerillas que había en el suelo junto a la pata de la silla…
¡¡Horror!! ¿Qué es esto?, gritó si hubiera podido el arácnido.
Acababa de aterrizar sobre la pequeña cajita cuando todo se movió como si de un terremoto se tratara: el ratón con su rabo había volcado la caja de fósforos produciendo un movimiento que fue demoledor para la araña. Gateó rápidamente por su hilo mientras el hombre se volvía y agarraba la culata de la pistola que llevaba en la sobaquera.

martes, 3 de octubre de 2017

El ratón



El ratoncillo salió de su agujero después de asomar sólo los bigotes y olisquear el ambiente del exterior. Ella ya se había marchado porque el olor a tabaco rubio casi había desaparecido. No quería salir estando la chica porque la última vez sus agudos chillidos habían estado a punto de romperle los tímpanos, “Vaya como gritaba la señorita”, se dijo. El jefe sin embargo no le dedicó nunca ni una mirada de soslayo, pero, en esta ocasión observó cómo se había soliviantado cuando la caja de cerillas vacía que estaba junto a la silla se movió a su paso produciendo un leve ruidito.
¡Valiente susto que se había llevado el pobre! Estaba mirando por la ventana y se volvió como movido por un resorte cuando lo de la cajita de fósforos, incluso se llevó la mano a la pistola que llevaba en la funda sobaquera. ¡Qué exagerados eran los humanos!, pensó y siguió su recorrido buscando algo que echarse al estómago…

domingo, 1 de octubre de 2017

Alguien más



Lóbrega era la noche. Densos nubarrones que impedían ver las estrellas amenazaban con volver a dejar caer la lluvia que había cesado hacía bien poco tiempo. Las farolas tímidamente comenzaban a encenderse con parsimonia, como si no quisieran alumbrar aquella calle del extrarradio de la ciudad.
Ni un alma pasaba por allí, sólo algún que otro coche muy de cuando en cuando atravesaba la muralla de silencio con el zumbido de su motor y salpicando el agua de los charcos.
Timoteo observaba desde la ventana de su despacho de abogado de cuarta o quinta clase ubicado en la segunda planta de aquél destartalado edificio que parecía mantenerse en pie milagrosamente. Llevaba esperando desde la mañana que sucediese algo pero ya eran las nueve de la tarde-noche y nada había ocurrido, es decir, nadie se había presentado en su oficina donde permanecía solo pues Pepita, su secretaria, se había marchado a eso de las siete. Descolgó el teléfono y se lo acercó al oído para comprobar que, efectivamente, había línea. Fue un gesto mecánico, sin pensarlo siquiera, y volvió a colgar el aparato. Se acercó a la puerta del apartamento y oteó por la mirilla… nada, absoluta oscuridad. Le pareció escuchar que alguien subía por la escalera, pero no, sólo eran figuraciones suyas. Volvió a la habitación del despacho, apagó la luz y se acercó de nuevo a la ventana… un leve crujido le hizo volverse como un rayo. Ahora sí, ahora estaba seguro de que había alguien más en el apartamento…