martes, 17 de julio de 2018

ENTRE SUEÑOS

Esta noche he sentido tu presencia,
el aroma de tu cuerpo y tu calor
pero ya sé que sólo fuiste un sueño
en la cálida noche de verano
y te marchaste cuando desperté
para dejarme de nuevo solitario
y sin consuelo en esta situación
que no me deja vivir, que me devora
hasta los últimos confines de mi alma
y me deja destrozado el corazón.

viernes, 13 de julio de 2018

CON UN BESO

Con un beso he firmado al fin la carta
que te envío por medio de un amigo
pues con ella te mando aquellas cosas
que no quiero perder por el camino.
Te llegará el calor de mis caricias
cuando mis manos se pierden en tu cuerpo,
encontrarás las mieles de mi afecto
y los abrazos que tengo reservados
para estrecharte, para abarcarte y envolverte toda,
para acogerte, ceñirte y rodearte,
que nunca puedas marcharte ni alejarte,
que seas ya por siempre toda mía.

miércoles, 11 de julio de 2018

Ese oscuro objeto de deseo 3

Decidido del todo a “conseguirlo” me puse el mono de trabajo y me empleé a fondo en mi nueva idea basada en otra peli porno. Después de buscar en todas las guías de teléfonos de Internet conseguí el número de una “fontanera” y me puse manos a la obra para recrear la situación que se daba en el film.
En primer lugar atasqué el fregadero y, a continuación llamé al teléfono de marras donde me contestó una voz femenina que, en mis oídos sonó como si fuera una insinuación, tal era el nivel de excitación que yo tenía. Luego de insistir para que la chica viniese a eso de las nueve de la noche, me metí en la ducha para quedarme más limpio que un jaspe y, sólo con el albornoz puesto, me dispuse a la espera imaginando las mil y una situaciones que me habrían de llevar indefectiblemente al estreno de mi nueva cama. Probé a llenar un vaso de agua mientras suponía a la fontanera tirada en el suelo debajo de mí y observando con ojos como platos mi masculinidad por debajo del albornoz. A continuación ensayé frente al espejo, mil y una veces, mi saludo de bienvenida a la chica amén de la justificación por encontrarme con tan poca ropa encima.
Las horas se me hacían eternas hasta que a las nueve y veinte sonó el teléfono. Era ella para decirme que no podría llegar antes de las diez o, quizás, al día siguiente. Le supliqué que viniera a las diez pero que fuese hoy. Ya no estaba dispuesto a aguantar más y sobre todo ahora que ya estaba a punto de cumplir mi deseo.
Por fin a las diez y cinco sonó el timbre de la puerta y me levanté de un salto para abrir a mi “visitante”. En el espejo de la consola me arreglé, o mejor, desarreglé el peinado supuesto que venía de la ducha.
Tal era mi estado de ansiedad que ni siquiera atisbé por la mirilla sino que abrí la puerta directamente.
Buenas noches, mire, soy el padre de la fontanera y vengo a desatascarle el fregadero porque ella tiene muchísimo retraso…

lunes, 9 de julio de 2018

Ese oscuro objeto de deseo 2

Pero no vayáis a pensar que la cosa quedó así, ni mucho menos, lo que sí pasó es que me cambié de panadería para no ver a la panadera por si se reía de mí y comencé a comprar el pan en el supermercado de la otra calle con lo cual me perdí dos cosas: la panadera que, dicho sea de paso, estaba de muy buen ver y el pan que ahora era mucho peor que el de antes pero todo sea por el cambio que se operó en mi vida que fue bastante importante.
En primer lugar renové el dormitorio que había sido de mi madre y lo convertí, por así decirlo, en un dormitorio-cama o en una cama-dormitorio que para el caso es lo mismo ya que puse una cama inmensa, que sólo dejaba un espacio de medio metro a su alrededor, con un colchón viscoelástico de última generación que me costaron un ojo de la cara y que decidí estrenar a la primera oportunidad que se presentase.
Como quiera que la cama era tan grande, la puerta del dormitorio se quedó abierta a perpetuidad, es decir, no había forma humana de cerrarla por falta de espacio y yo, cada vez que pasaba por delante de la habitación la veía allí perfectamente preparada pero sin estrenar, con lo que mis ganas de “hacerlo” se incrementaban de manera exponencial aunque no dejaba de repetirme que “aquello” estaba cada vez más próximo en el tiempo y así conseguía, a duras penas, consolarme.
Para intentar acelerar la operación estreno de la cama comencé a encargar las pizzas a un local que tenía chicas para las entregas a domicilio pero por más sonrisas que repartí entre ellas (y fueron bastantes porque llegué a pedir hasta cuatro pizzas al día) no hubo manera de que sucediese lo que había visto en una peli porno que alquilé en el videoclub y es que los argumentos del cine para adultos son, además de malos, exageradísimos, llegó el momento que las chicas, hartas de ver mi sonrisa y mis ojos de carnero degollado, ya ni siquiera se quitaban el casco para salir volando en cuanto les pagaba el pedido.

sábado, 7 de julio de 2018

Ese oscuro objeto de deseo 1


La verdad es que, en aquél entonces, yo no lo había hecho nunca pero no por falta de ganas y es que no me hubiera importado, es más, lo había llegado a desear fervientemente sobre todo cuando la vecina de enfrente me taladraba con su penetrante mirada o cuando coincidíamos en el ascensor y me indicaba por señas que me cerrase la bragueta. La muy ignorante no sospechaba que yo me la dejaba abierta adrede para que ella me lo indicara, con el oculto deseo de que me la cerrase alguna vez y todo se fue al garete el día que se marchó del piso.
Se largó con el feísimo de su novio que era un tipo desgarbado y con barbas que no se quitaba las gafas de sol ni por una apuesta, bueno digo yo que para meterse en la cama sí se las quitaría.
Andando el tiempo, crecí y me olvidé de ella pero no del asunto que nos ocupa que seguía siendo un melón sin calar para mí aunque, la verdad sea dicha, no me obsesionaba en absoluto: yo sabía que, más tarde o más temprano, me iba a estrenar y así fue, o, mejor dicho, así estuvo a punto de ocurrir.
Hacía ya más de un año que había muerto mi madre cuando la chica de la panadería se presentó en mi casa y llamó al timbre. Lo cierto es que yo, cuando iba a comprar el pan por las mañanas, me quedaba mirándola con cara de idiota como si fuera la primera mujer que había visto en mi vida y, seguramente, la chica había supuesto que yo estaba por ella, así que debía venir dispuesta a todo (es un decir).
Abrí la puerta y le franqueé el paso pero ella no se movió del descansillo. Me observó como si fuera un bicho raro (así debía ser mi cara en ese momento crucial) y me alargó la mano que yo me dispuse a coger entre las mías pero ella se zafó y me dejó cincuenta céntimos en la palma de la mía.
“Te habías dejado el cambio encima del mostrador”, dijo y, antes de que yo fuese capaz de reaccionar, salió zumbando escaleras abajo y sin esperar para coger el ascensor.

miércoles, 4 de julio de 2018

EL RATONCITO PÉREZ


Volvemos al poemario "Para Locos Bajitos"


El Ratoncito Pérez
te viene a visitar
y bajo la almohada
tu diente has de dejar.
Luego por la mañana
algo te encontrarás,
quizás una moneda
o quién sabe si más
pues si te portas bien
mejor te tratará
y si te portas mal,
nada te dejará.
El Ratoncito Pérez
nunca se olvidará.

sábado, 30 de junio de 2018

TAN SÓLO FUE



Tan sólo fue un deseo,
tan sólo fue un afán desmesurado,
tan sólo fue una vez,
tan sólo fue un capricho apasionado.
Tal vez ya se pasó,
el tiempo lo borró sin compasión
como se borran las huellas en la arena,
como se borran los amores de verano,
como se borran los anillos que al fumar
tu boca expele deleitándose al pensar
que habrá otra boca que los encuentre y los inhale.