Hoy ha venido la lluvia a visitarme
y entró sin avisar
con gran estrépito de viento
que hacía volar las hojas de los árboles
al agitarlos con ímpetu y, de pronto,
cesó en su ventear desenfrenado
después de retemblar con fuerte trueno.
Siguió lloviendo suave, mansamente,
durante un rato
para al final marcharse tal cual vino
pero sin estruendo,
sin ruído.

