miércoles, 16 de septiembre de 2015

Recuerdos: La nevera



         Hoy hemos descongelado el frigorífico de la cochera (que fue de mi madre y aún funciona perfectamente al cabo de más de treinta años) y me acordé de la nevera que había en mi casa cuando era pequeño y no se habían comercializado los frigoríficos.
         Era de madera recubierta de chapa galvanizada y pintada de color blanco. Tenía una puerta frontal y otra en la parte superior para introducir allí el bloque de hielo que nos traían todos los días. En ese receptáculo del hielo había un serpentín y un depósito para llenarlo de agua que luego salía por un grifo situado en la parte frontal por encima de la puerta y así disponer de agua fresquita aunque yo prefería la del botijo que no estaba tan fría.
         Todos los días y al grito de “La nieve”, el repartidor voceaba para que los vecinos abriéramos las puertas y así no perder tiempo para que no se “derritiera” el hielo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

La búsqueda



Tenía casi la absoluta seguridad de que no lo encontraría pero continuó con los preparativos para la búsqueda revisando minuciosamente el equipo que iba a llevar consigo. El coche lo recogió la tarde anterior del taller donde lo habían puesto a punto para que no diese problemas y el depósito así como los tres bidones de combustible de reserva estaban llenos. El depósito del agua y los víveres para un mes (¡Qué exageración!) estaban ya cargados. Sólo faltaba un detalle y es que no tenía ninguna pista que le indicara por dónde empezar.
Cargó las bolsas de las herramientas y de la ropa y giró la llave del contacto.
El motor arrancó a la primera y condujo lentamente hasta el inicio del camino. Nunca había seguido aquella senda y por eso le pareció que pudiera ser la que él habría tomado cuando desapareció hacía ya cuatro días.
El carril, aunque no estaba asfaltado, no tenía demasiados baches y el todoterreno se desplazaba bastante suavemente sobre su superficie. En su cabeza comenzaron a bullir los recuerdos del último fin de semana que pasaron juntos en la casa. Lo pasaron muy bien contándose cosas que habían sucedido mientras estaban separados, hicieron el amor en el porche bajo la luz de las estrellas… Nada le hizo sospechar entonces que, en menos de una semana, desaparecería como si se lo hubiese tragado la tierra. Ni la policía ni los vecinos más próximos le habían visto desde el pasado miércoles que bajó al pueblo para hacer la compra.

El Comandante de puesto de la Guardia Civil le dijo que no podían buscarle porque nada indicaba en la casa que hubiera sido atacado o llevado por la fuerza. Se limitó a tomar nota para mandar los datos a la Comandancia Provincial y a quedarse con su número de teléfono por si aparecía.
El camino comenzó a serpentear subiendo un cerro y abandonó sus pensamientos para prestar atención a la conducción so pena de salirse en una de las cerradas curvas.
Cuando llegó a lo alto del promontorio paró el coche y bajó para otear con los prismáticos todo lo que desde allí se divisaba.
¡Allí! Sí, allí, casi gritó cuando revisando la orilla de un riachuelo poblada de cañas, creyó ver algo de color rojo que podría ser el coche que buscaba. El nerviosismo se apoderó de su cuerpo y, temblando de emoción, volvió a subir a su vehículo para iniciar la bajada por la otra vertiente del cerro.
A medida que se aproximaba su excitación iba en aumento porque estaba claro que era el Toyota rojo lo que había apenas vislumbrado desde el altozano. Frenó en seco al llegar a la altura del otro coche y bajó de un salto dirigiéndose a la carrera para buscarle.
A seis o siete metros del coche rojo había un cuerpo tendido en el suelo. Pensó que estaba muerto y las lágrimas afloraron en sus ojos, pero no, el cuerpo se movió y trató de incorporarse. Sí, era él y ¡estaba vivo! Se lanzó sobre su amado y le abrazó llenándole la cara de besos.
─ ¿Qué te ha sucedido, cariño?
─ Bajé al arroyo para refrescarme, pisé mal y creo que me he roto el tobillo.
─ Pero, Daniel, ¿por qué no me llamaste por teléfono?
─ No había cobertura, y yo estaba seguro de que tú me buscarías en cuanto me echases en falta.
─ Pues no sabes la preocupación que he tenido durante estos días sin saber nada de ti.
─ Lo siento, David, no volverá a ocurrir.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Impensable



No pudo negarse a complacer los deseos de aquella gente que le había salvado la vida cuidándole durante semanas, pero estaba prácticamente seguro de que su viaje no iba a ninguna parte.
Caminó siguiendo los pasos del astro rey y, cuando éste llegó a su ocaso, se detuvo y buscó refugio para pasar la noche. Calculaba que habría hecho unos veinte kilómetros aquella tarde. A ese ritmo tardaría al menos un día entero en llegar a su destino.
Aquella noche los sueños volvieron a visitarle como antaño. Un torbellino de imágenes, aparentemente inconexas, le martillearon el inconsciente mientras dormía dejándole en un estado de angustia tremendo cuando despertó sudoroso con los primeros rayos del sol.
Se refrescó en un arroyuelo cercano y comió algo de lo que llevaba en la mochila antes de reanudar el camino.
A la caída de la tarde se encontraba a las puertas de la pequeña ciudad que era su destino. Busco un lugar donde alojarse y se informó de dónde se celebraba el mercado.
Aunque el jergón no era demasiado cómodo, le supo a gloria pues llevaba mucho tiempo durmiendo en el suelo. Se levantó con las claras del día y se dirigió rápidamente al mercado. Compró todas las especias que le habían encargado y se tomó un buen desayuno en un cafetín que estaba próximo.
El camino de vuelta fue más lento puesto que iba cargado y tenía que descansar cada cierto tiempo, pero al cabo de tres días estaba a la vista de la empalizada que protegía la pequeña aldea de donde había salido hacía casi una semana.
Antes de que llegase a la puerta, ésta se abrió dando paso a un nutrido comité de recepción formado por el jerife, el hechicero y los ancianos de la tribu.
Le acompañaron hasta la choza que había ocupado durante su larga convalecencia y allí les entregó los saquitos con las especias. Fumaron aquella pipa apestosa sentados en círculo y, poco a poco, los ancianos se fueron retirando. Observó alguna que otra sonrisa maliciosa en quienes se marchaban pero pensó que sería fruto del colocón que estaba cogiendo con el fumeteo de aquellas hierbas de olor tan raro. Cuando el jerife se marchó acompañado del hechicero, su cabeza le daba vueltas y se quedó sumido en un sopor hasta entonces desconocido.
Cuando despertó se encontró desnudo, atado de pies y manos dentro de una gran olla y rodeado de todas las especias que había comprado. Alguien dio una orden y comenzaron a llenar la olla con agua caliente…

jueves, 3 de septiembre de 2015

Martirio chino



Parecía increíble pero la verdad es que nunca consiguió nada cuando se lo propuso y eso que probó un buen puñado de veces. Siempre recordaba aquellas palabras que le decía su abuelo: “No te rindas y vuelve a intentarlo”.
Se armó de valor y decidió hacer una última tentativa pero sucedió lo de siempre: saltó por la ventana y se fracturó la otra pierna. Estaba claro que no aprendería jamás a volar y eso que se llamaba Zhu-Per-Mang.

viernes, 28 de agosto de 2015

Un descuido mortal



Había pasado durmiendo toda la noche aunque esto no era propio de él pero el cansancio acumulado durante dos días en los que varias veces había sentido muy cerca la presencia de sus perseguidores le había hecho caer rendido debajo de aquellos matorrales cerca del arroyo.
Despertó con las primeras luces del día y se desperezó lentamente notando como cada uno de sus músculos iba renaciendo a la vida en aquella luminosa mañana del mes de abril.
Sintió en sus entrañas el mordisco del hambre. Llevaba tres días al menos sin comer absolutamente nada y eso era ya un ayuno demasiado prolongado para lo que solía.
Se puso en marcha sin dejar la espesura y moviéndose sin demasiada prisa para no delatar su presencia ante posibles miradas de sus acosadores. Tendría que buscar algo que echarse al estómago antes de que las fuerzas le abandonaran definitivamente pero sabía que aún tenía suficiente energía para la lucha cuerpo a cuerpo que tendría que librar con el posible objeto de su cacería.
Se detuvo y, entre las ramas de la floresta, observó el claro del bosque que se extendía ante si. Una cabra pastaba tranquilamente a unos veinte metros de su lugar de observación. No había nada que delatase la presencia de seres de ningún tipo que pudieran representar un peligro pera su integridad.
La cabra no había sentido su presencia por lo que seguía pastando sin alterarse. Calculó el tiempo que necesitaba para plantarse sobre de ella antes de que el herbívoro pusiera pies en polvorosa y dibujó mentalmente el recorrido que debía seguir para capturar a la insensata que no parecía darse cuenta de lo que estaba a punto de venírsele encima.
Salió como un rayo al claro del bosque y rápidamente se abalanzó sobre la cabra pero, cuando daba el último salto para capturarla, el suelo se hundió bajo sus pies y cayo al fondo del  agujero de más de cinco metros de profundidad y por cuyas paredes escarpadas era imposible trepar: él, que presumía de ser el más inteligente de aquellos andurriales, había caído en una trampa.
Cuando miró por enésima vez hacia arriba, el corazón se le encogió, escuchó claramente los pasos del cazador de tigres que se acercaba para rematarle.

lunes, 24 de agosto de 2015

Lavado de cerebro



─Oiga, ¿podría apuntarme para un lavado de cerebro?
─¿Completo o parcial?
─¿Es que se puede lavar por partes?
─Por supuesto, aquí somos muy profesionales.
─El completo será más caro, ¿verdad?
─Pues no, el parcial es mucho más caro. Tenga en cuenta que hay que desconectar todas las sinapsis antes de separar la parte a lavar y después volver a conectarlas sin equivocarse.
─¿Y Vd. qué me aconseja?
─Depende.
─Depende de qué.
─De cuál sea su problema. Por ejemplo: ¿Vd. tiene malas ideas?
─Pues, si le digo la verdad, no.
─¿Le cuesta trabajo pensar?
─No, en absoluto.
─¿Le duele frecuentemente la cabeza?
─No, que va, nunca.
─Entonces, Cuál es su problema?
─Pues mire, lo que me pasa es que no puedo dormir.
─¿Desde hace mucho tiempo?
─Debe hacer como una semana que fue cuando me infesté de piojos.
─Pues vaya a la peluquería y que le rapen la cabeza y no me haga perder el tiempo.

viernes, 21 de agosto de 2015

Ya está visible



         Una vez terminada la micronovela que os anuncié, ya la podéis leer en la pestaña correspondiente. Su título es “El caso de la Baronesa promiscua”. Una vez más, gracias por seguirme y que disfrutéis con la lectura.

sábado, 15 de agosto de 2015

Yemas axilares



         Tú dirás lo que quieras pero, por mucho que te empeñes en decir que te están saliendo yemas axilares como a los árboles, eso que tienes debajo del brazo se ha llamado toda la vida un “golondrino”.

jueves, 13 de agosto de 2015

Me gustó más el libro



         ¿Qué te gustó más: la película o el libro?
         He ahí el eterno dilema. A mí, la verdad sea dicha, me gustó mucho más el libro y es que entre un estuche de DVD, por muchos colores que tenga la carátula, y una edición en papel Biblia antirreflejos con encuadernación en piel, nervios en el lomo y letras en pan de oro incrustadas, que queréis que os diga… pues que a mí me gustó más el libro.

domingo, 9 de agosto de 2015

Bolero desamado



Podrán surgir amores
podrán venir momentos
en los que el corazón
se rompa entre tormentos
de amarga desazón,
celos sin fundamento
o de felicidad
y de divertimento.
Contrastes sin sentido,
vaivenes del querer,
secuelas del amor
que nos depara el tiempo.

Amores sin futuro,
amores pasajeros,
pasiones sólo son
pasiones de un momento
que nos lleva a volar
sin alas y sin red
para al final caer
sin más remedio al suelo.

Podrán surgir amores
podrán venir momentos
pero nunca serán
como los que se fueron.
Aquellos ya no están,
aquellos se perdieron.
No volverán jamás
se fueron para siempre
por mucho que intenté
no vienen a mi encuentro
y el tiempo se encargó
de borrar su recuerdo.