domingo, 26 de agosto de 2018

El desenlace


Si este hubiera sido un relato erótico, ahora sería el momento de hacer una descripción pormenorizada de todo lo que sucedió en el almacén de la peluquería de Petra y más concretamente en el sofá tapizado de cretona donde habitualmente ella dormía la siesta para no tener que ir a su casa al mediodía.
También habría que describir los escarceos, los acercamientos y las casi-retiradas que se fueron sucediendo a lo largo de la noche y que terminaron con Petra desmadejada sobre el sofá y yo tirado por los suelos como un guiñapo después de aquella velada tumultuosa en la que la fogosidad de ambos fue el hilo conductor de una relación apasionada y, por así decirlo, extremadamente lujuriosa donde todo tuvo cabida.
En definitiva, no creo que sea elegante contar con pelos y señales lo que allí sucedió, así que será mejor dejarlo ahí y no dar más explicaciones que sólo colaborarían a crear una situación por demás embarazosa y que no redundaría en beneficio de nadie.
Resumiendo: Lo que sucedió aquella noche fue el súmmum de la satisfacción de una libido que había sido reprimida a lo largo de toda una vida.
No hace falta explicar que, desde aquella noche, Petra me abrió de par en par las puertas de su corazón y, al cabo de dos meses justos, nos casamos en privado y sólo invitamos a la exigua familia que teníamos pues la cosa era importante para nosotros y no teníamos ganas de dar explicaciones a nadie.
Nos fuimos a vivir al antiguo piso de mi madre y allí nos dedicábamos a retozar como potrillos en la inmensa cama del colchón visco-elástico que por fin pude estrenar como había deseado durante tanto tiempo.
Mi vida con Petra era maravillosa pero…, siempre hay algún pero, ya se sabe que todo en esta vida tiene un final y nuestro idilio también lo tuvo y de una manera traumática… sobre todo para Petra que murió o, para ser más elegante, falleció sepultada en la peluquería cuando un terremoto derribó el edificio donde se encontraba.
Aquello fue tan fuerte que estuve a punto de morirme del disgusto y, como no, de la pena, pero poco a poco me fui recuperando hasta ser capaz de volver a un ritmo de vida normal.


1 comentario:

  1. no me esperabas el final!
    deberías haberle dado a Petra una muerte más digna a la altura del relato...
    besos

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