sábado, 5 de mayo de 2012

Una historia alucinante


La puerta se cerró de golpe y me quedé a oscuras. Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrando a la nueva situación y, como la oscuridad no era absoluta, fui descubriendo las características del lugar en el que me encontraba.
Se trataba de una estancia bastante amplia. Había una mesa y dos sillas en el centro y un espejo ocupaba la mayor parte de uno de los testeros de la habitación. No había ningún tipo de decoración y sólo una puerta que era por la que yo había entrado.
Lo cierto es que me había metido en la boca del lobo sin que nada ni nadie me hubiera obligado a ello.  Los hechos se habían sucedido de tal manera que yo no había podido controlarlos por más que lo había intentado.
La historia comienza un par de semanas antes cuando me disponía a ponerme cómodo después de cenar. Aquella noche yo no tenía previsto salir de copas pero fue Luis quien me telefoneó y me convenció para que le acompañara pues había quedado con una compañera del trabajo y ésta iba a ir con una amiga. Fue así como conocí a Shandra. Era una chica de unos treinta y tantos años, pelo castaño oscuro, ojos verdes de mirada un tanto salvaje, boca generosa con unos labios llenos y turgentes, poseía una figura esbelta y curvilínea con un caminar ligero y elástico, en definitiva, una bella mujer en su mejor momento.
Después de la segunda ronda de bebidas la compañera de Luis dijo sentirse indispuesta y él la acompaño a su casa con lo que nos quedamos solos y dispuestos a pasarlo lo mejor posible. Cambiamos de local y nos fuimos a una pequeña discoteca que acababan de inaugurar y bailamos, charlamos y bebimos hasta el amanecer.
Cuando salimos a la calle el sol ya estaba iluminando la mañana y tomamos un taxi que nos llevó a las puertas de su casa. Era un antiguo edificio de tres plantas con una fachada que me recordaba a alguna mansión de las que sólo se ven en las películas inglesas. Por iniciativa mía, intercambiamos nuestros números de teléfono y nos despedimos hasta otra ocasión.
Unos días después recibí un mensaje de texto de Shandra en el que me decía que lo había pasado muy bien conmigo aquella noche y que le gustaría repetirlo el próximo sábado.
La llamé a su teléfono pero no me contestó así que le respondí afirmativamente a su propuesta a través de un mensaje en el que le decía que la recogería a las nueve y media en la puerta de su casa si no tenía inconveniente.
Estuve el resto de la semana nervioso y deseando que llegase el momento de la cita pero a las ocho de la tarde sonó mi teléfono.
- Hola, soy Shandra, - me dijo con voz lacónica. Y sin esperar mi respuesta continuó – no pases a recogerme porque hoy me es totalmente imposible salir contigo. – y colgó.
Me quedé de una pieza y tardé en reaccionar. Cuando la llamé por teléfono sólo escuché el tan sabido mensaje: “El teléfono marcado está apagado o fuera de cobertura en este momento”.
Mi cabeza era un hervidero de ideas estúpidas y, después de intentar alguna alternativa, decidí salir a la calle sin rumbo fijo. No sé como sucedió pero cuando quise darme cuenta estaba aparcando en la acera de enfrente de su casa. Miré mi reloj, eran casi las doce de la noche, llevaba vagando por las calles casi tres horas y no me había dado ni cuenta de ello. La luna llena se reflejaba en los cristales de la casa y, cuando más ensimismado estaba, se abrió la puerta y un enorme animal con aspecto de lobo asomó la cabeza y después salió corriendo alejándose de mi posición.
No pude refrenar el deseo de seguirlo y puse en marcha el motor del coche para iniciar una persecución a gran velocidad. De pronto el animal desapareció de mi vista y, cuando estaba a punto de llegar a la intersección a toda velocidad, me salió por la derecha sin que tuviera tiempo a reaccionar. El golpe fue tremendo y vi volar a la fiera que cayó al suelo y se quedó inmóvil.
Salí del coche y me acerqué despacio al bulto inerte aunque me pareció que se removía y me detuve en seco. Aquella cosa estaba convulsionando y transformándose ante mis horrorizados ojos. Cuando acabó su metamorfosis me quedé helado: tenía a unos metros de mí a Shandra completamente desnuda y en medio de un charco de sangre. Mi capacidad de movimiento desapareció y sólo reaccioné cuando alguien dijo a mis espaldas:
- Queda detenido por conducción temeraria con resultado de homicidio. Haga el favor de no hacer ningún movimiento extraño.
Y sentí unas esposas cerrándose en torno a mis muñecas. Como un sonámbulo, y sin dejar de mirar a Shandra, me dejé llevar hasta el coche-patrulla que me condujo a la comisaría de policía donde me encuentro.




viernes, 4 de mayo de 2012

Finalista


Mi poema “Y es que no estás” ha sido elegido finalista en el II Certamen de Poesía Amatoria, Gozosa y Erótica de la Editorial Hipálage. Esperemos que no sea sólo una anécdota y podamos participar a todos y a todas alguna otra noticia del mismo tipo en el futuro.
Por si alguien está interesado en conocer el poema, lo transcribo a continuación:

… Y es que no estás
… Y es que no estás…
¿Dónde te has ido, amor, que no te encuentro?
¿Dónde dejaste aparcadas la ilusión y la lujuria
que se despiertan cuando estás conmigo?
Me abandonaste en la dura soledad,
protegido tan sólo por recuerdos
de ternura, de amor y de caricias
y la lejana esperanza de tus besos…
… Ahora no estás…
y se retuercen mis deseos
cual torbellinos de apasionada excitación
que me provocas aún en la distancia, ...
… sin tu presencia,
porqué es por ti por quien espero y desespero,
mi más preciado bien, mi gran tesoro
que te escapas sutil entre mis dedos
como la arena fina de la playa
y me aturdes en cada anochecer,
cuando te busco junto a mi almohada...
… y no te encuentro.

jueves, 3 de mayo de 2012

Malhumorado despertar


Aquel día Roberto se despertó de mal humor. No había podido conciliar el sueño en toda la noche. Había permanecido en la cama preso de un extraño duermevela que no le permitía ni siquiera moverse, era como si sus músculos hicieran oídos sordos a los mandatos de su cerebro y permanecieran aletargados.
Cuando consiguió levantarse, se dirigió directamente a la ventana, subió la persiana y tuvo que cerrar los ojos hasta que sus pupilas consiguieron acostumbrarse a la cegadora claridad del sol de primavera. Fue a la cocina con la intención de prepararse un café que terminara de despabilarle y, cuando abrió el frigorífico para coger la leche, un hedor nauseabundo le recibió tan “calurosamente” que estuvo a punto de tirarlo de espaldas. Cerró rápidamente la puerta y corrió al fregadero para echarse agua en la cara y quitarse de encima el sofoco que le había producido el fétido olor que acababa de respirar.
El ruido de la cafetera le devolvió a la realidad. Se tomó el café amargo porque no encontró el azúcar por ninguna parte y se dispuso a darse una ducha para irse a trabajar.
Llegó al baño y casi se muere del susto cuando se vio reflejado en el espejo, la cara de un reptil de ojos saltones le devolvía la mirada desde el otro lado del cristal, levantó una mano y el monstruo respondió levantando una garra de uñas afiladas, abrió la boca y entonces fue cuando se horrorizó del todo al contemplar como aquel pariente de los dinosaurios abría la suya mostrando dos filas de enormes dientes. Su cuerpo estaba cubierto de escamas de un color verde amarillento y notó la presencia de una cresta de placas córneas en su cabeza y que recorría toda su espalda hasta… sí hasta aquél rabo que él no se había visto nunca. No cabía la menor duda de que se había convertido en un reptil, en un frío y asqueroso reptil.
Alguien lo sacudió de pronto…
- ¿Qué tonterías estás diciendo, Roberto? Levántate ya de la cama que vas a llegar tarde a la oficina – le dijo su mujer con voz cariñosa - ¿Se puede saber qué te pasaba con un reptil?

martes, 1 de mayo de 2012

Alfabética


América: abúlica, acrática.
Bulímica, balánica, boxística.
Carbónica, colérica, caótica.
Dalmática, domótica, didáctica.
Estética, ecuménica, económica.
Fantástica, famélica, fanática.
Geriátrica, genética, galáctica.
Herética, histórica, histérica.
Itálica, irónica, impúdica.
Japónica, jerárquica, jurásica.
Leónica, lacónica, levítica.
Magnésica, magnética, magnífica.
Neumática, neumónica, neurálgica.
Orgánica, orogénica, orgiástica.
Patriótica, política, polémica.
Quimérica, quirúrgica, querúbica.
Rabínica, romántica, retórica.
Sarcástica, sardónica, semítica.
Talmúdica, tartárica, traumática.
Urémica, urética, utópica.
Vandálica, verídica, vesánica.
Xenónica, yogúrica y zafírica.

lunes, 30 de abril de 2012

Invisible



Cuando Ángel se convenció de que era invisible pudo observar libremente todo lo que sucedía a su alrededor. A partir de ese momento no se pondría colorado cuando mirase a la cara a una chica, sobre todo si ésta le gustaba, ni se sentiría avergonzado cuando su madre le llamase la atención delante de sus amigos, al fin y al cabo ellos no podían verlo o, al menos, eso es lo que había estado sufriendo durante toda su vida, la invisibilidad más absoluta.
No es que la profesora de inglés no le escuchara cuando preguntaba algo, no, es que, simplemente, no le veía. Ahora, no obstante, y gracias precisamente a su recién estrenada invisibilidad, podría hacer lo que le diera la real gana sin miedo a que nadie le criticase sus acciones y, aún menos, que le pudieran castigar por ellas.
Sólo necesitaba comprobar una cosa: ¿aumentaría con el tiempo esta cualidad recién nacida en él? La primera prueba fue positiva: su padre ya no le veía cuando le pidió dinero para salir el sábado e ir al cine. La última comprobación le hizo sentirse un ser totalmente libre: su madre ya no le reñía aunque hiciera la barbaridad más grande.
Comprobó que la gente de la calle no le hacía ni puñetero caso cuando les saludaba al cruzarse con ellos y que el conductor del autobús pasaba de cobrarle. Entonces fue cuando concibió su plan maestro: eliminar uno a uno a todos los que, de alguna manera, le habían hecho daño a lo largo de los años y se puso manos a la obra.
Primero eliminaría a los compañeros de clase que nunca le habían ayudado, luego a las compañeras que se habían reído de él cuando les había pedido una cita, a continuación iría la profe de inglés y los demás profesores y profesoras que, sistemáticamente, le habían hecho pasarlas moradas en el colegio y en el instituto y después un largo etcétera hasta llegar a los miembros de su familia…
- ¡Ángel Ramírez! – Gritó una voz desde el pasillo de la clínica siquiátrica – ¡Tiene visita!

miércoles, 25 de abril de 2012

La Golondrina


Tozuda es la oscura golondrina
que quiere hacer su nido
dentro del porche de mi casa
sin comprender que yo no necesito
su compañía y mucho menos
su falta de respeto cuando caga.

martes, 24 de abril de 2012

Tres tiempos


Hay quienes dividen la vida en tres tiempos: El tiempo de lo que seré, el tiempo de lo que soy y el tiempo de lo que fui

Dejando de lado el primero en el que uno no es, en general, consciente al cien por cien de lo que será en el futuro, me voy a centrar en los otros dos que por estar más cerca de mi situación actual los tengo mucho más presentes.

Durante treinta y cinco años de mi vida he podido decir: “Soy maestro”. Pero hace un par de años me encontré de pronto en la tesitura de decir: “Fui maestro” y esto así a secas no me gustaba ni un pimiento porque podría parecer que estaba iniciando el final de mi existencia, pero, como no estaba dispuesto a resignarme, decidí reiniciar el ciclo y cambiar a: “Seré escritor” y eso es lo que hago ahora, escribir y espero no tener que decir nunca: “Fui escritor” porque sería algo así como rendirse y eso no está, de momento, en mi agenda.

Lo difícil ahora es encontrar alguien que quiera leerme y, mucho más difícil, encontrar algún loco o alguna loca que quiera publicarme algo.

De momento sólo tengo Internet que no es poco.

viernes, 13 de abril de 2012

A cada cual lo suyo

No dejo de acordarme de lo que sucedió aquel día en el jardín. Yo estaba leyendo tranquilamente un libro que no era demasiado interesante y, quizás por ello, me fijé sin querer en el jilguero.

El pajarillo entonaba sus trinos de reclamo cuando una tórtola griega se posó a su lado. Dado que el cantor no interrumpió su melodía, la tórtola, supongo que complacida por el agradable son, se quedó quieta a su lado seguramente para no molestar al pequeño divo que se iba lanzando cada vez con más brío a desgranar las múltiples notas de su canción.

Al poco la tórtola levantó el vuelo para ir a posarse junto a su pareja y la hembra del jilguerillo no tardó en llegar donde su amor cantaba.

No sé si son figuraciones mías pero me pareció ver en la mirada de la tórtola un reflejo fugaz de envidia sana.

De todas maneras, las tórtolas arrullan mejor que los jilgueros.

martes, 10 de abril de 2012

Una historia de piratas

Creo que aquel pirata no era un pirata de verdad, al menos no era un pirata de pata de palo porque conservaba sus dos piernas. Tampoco era tuerto aunque llevaba tapado el ojo izquierdo. ¿Qué cómo sé que no era tuerto de verdad?, pues porque antes de entrar al baño el ojo tapado era el derecho, y, además, no iba vestido de pirata ni nuestro pueblo estaba junto al mar y, por lo tanto el pirata no podía tener un barco como era obligatorio para todo pirata que se precie, no, aquel tío no era un pirata casi con toda seguridad, por más que, a veces, las apariencias engañan.

Pues a lo mejor era realmente un pirata y yo me estaba equivocando como casi siempre y mi razonamiento era un intento infructuoso por despertar mi inteligencia adormecida por el tedio y el aburrimiento que produce el hablar siempre de las mismas cosas.

En definitiva, podría apostar algo a que aquel sujeto era un pirata pero iba disfrazado de otra cosa.

Cualquiera sabe.

domingo, 1 de abril de 2012

Semana Santa

Pena, tragedia y muerte,
pesar, desdicha, tránsito y dolor.
Cirios y capirotes.
Dolorosas de negras vestiduras
y Cristos expirando ajusticiados.
Museo callejero y ambulante
que concita a su paso
abigarradas muchedumbres
y despierta sentimientos encontrados.