sábado, 30 de noviembre de 2019

HACERTE MÍA


Cuando mi mano se posa suavemente
sobre tu espalda que trémula responde
sin despertar del todo de tu sueño,
te miro ensimismado y no comprendo
cómo puedo sentir tanto amor dentro
si sólo te he tocado con mis dedos
en ese lugar bello de tu cuerpo.
Qué no sucedería si te beso
y te abrazo con fuerza y con deseo
de hacerte toda mía,… toda mía.

sábado, 23 de noviembre de 2019

VOLVERÁS


Tal como el viento se lleva consigo
las hojas secas que caen de los chopos,
así se llevan las horas mis sueños
cuando avanza la noche oscura y serena.
Con mis sueños te marchas,
en mis sueños prendida
donde nacen los tiempos,
donde nacen las horas
pero sé que al final,
aunque estés muy lejana,
volverás a mi hogar,
volverás a tu casa.

jueves, 14 de noviembre de 2019

TAL VEZ UN SUEÑO


Como si al despertar
levantaran el vuelo cien palomas,
como si sin querer
su aleteo despierta mis sentidos.
No sé decir, no sé,
si volviste de verdad o es que fue un sueño
del que yo no me puedo ya librar
y me abraza dejándome insensible
ante tu amor que quiere rescatarme,
que ama más que tú,
que ama más…
que tú…
tal vez.

domingo, 20 de octubre de 2019

ZUM, ZUM


Este poema pertenece a mi poemario "Para Locos Bajitos"

Zum, zum, zum,
zumban su canción.
Han venido todas
como un orfeón,
cantan a su modo
con un mismo son
y no se equivocan,
siempre hacen zum, zum,
la misma cadencia
zumbando: zum, zum,
desde la mañana
hasta que no hay sol.
En el algarrobo
se escucha zum, zum.

viernes, 11 de octubre de 2019

EL SENTIR SIN SENTIDOS


Poderte ver con los ojos cerrados
aunque abiertos del todo los ojos del alma,
poder tocarte con las manos atadas
mas podemos fundirnos alma con alma,
poder olerte con la nariz tapada
pero en mis pensamientos retengo tu aroma,
poder oírte desde el otro confín
pero dentro de mi siento clara tu voz,
y aunque no tenga lengua tus sabores encuentro
y un regusto amoroso me hace sentir
que me muero por ti,
que te llevo muy dentro.

martes, 1 de octubre de 2019

LOS SUEÑOS


Llevo ya muchas noches en que sueño
pero no puedo recordar lo que he soñado,
no puedo atar aquello que me aflora
desde no sé qué ámbitos extraños.
A veces creo que tengo algún recuerdo
pero no puedo ponerlo en pie y mirarlo,
asoma en mi memoria cual Aurora
que nunca se trocase en nuevo día,
como un amanecer perpetuo, inmenso,
que no llega a mostrar su contenido.
Ayer creí poder atarlo y, sin embargo,
voló hasta el infinito y lo he perdido.

sábado, 21 de septiembre de 2019

La última cena


Se puso en pie y, con parsimonia, recogió la mesa. Puso los platos en el lavavajillas y fregó a mano la copa de cristal que había utilizado para la cerveza: no quería que se rompiese en el lavaplatos pues era de un vidrio finísimo. Luego la secó bien con un paño blanco y la miró al trasluz para observar si estaba perfectamente limpia. No le gustaba meter los vasos y copas en la máquina porque el abrillantador les daba un sabor extraño que se notaba al utilizarlos de nuevo.
Fue al dormitorio y, con la misma lentitud, se desnudó y dobló la ropa antes de colocarla encima de una silla. Pasó al baño y se limpió los dientes con minuciosidad pero sin prisas.
Miró el reloj de la mesita de noche y se tumbó en la cama boca arriba y con las manos cruzadas sobre el pecho y pensó que, cuando las pastillas hicieran su efecto mortífero, le encontrarían en una actitud relajada durmiendo el sueño eterno.

domingo, 15 de septiembre de 2019

D.A.N.A.


Eran apenas las tres de la madrugada y la lluvia mojaba lentamente las calles de la ciudad. El individuo caminaba con paso incierto persiguiendo al perro que sujetaba con una correa. El animal, de cuando en cuando, dejaba de tirar como para dar un respiro a su amo que parecía no estar en muy buenas condiciones como para pasear a aquel mastín que parecía más pesado que el hombre.
Había estado de fiesta con los amigos y, al llegar a su casa un tanto “privado” se encontró que su perro demandaba el paseo nocturno al que estaba acostumbrado.
Poco a poco la lluvia fue arreciando hasta que, de pronto, el nivel del agua que corría por la calle aumentó de forma increíble: en menos de cinco minutos tenía el agua por las rodillas y el mastín comenzó a ponerse nervioso.
Un contenedor de basuras le pasó rozando y estuvo a punto de perder el precario equilibrio que tenía. El agua ya le llegaba hasta la cintura y el perro comenzó a nadar arrastrando a su dueño hacia el portal de la casa donde vivían. Cuando llegaron a la cancela, se agarró con la mano que tenía libre y llamó al portero automático como pudo…
Despertó de golpe con el zumbido del despertador y el perro estaba allí, … a los pies de la cama.

sábado, 7 de septiembre de 2019

El niño de Doña Eugenia


Le llamaban Teodorito y era hijo de la vecina de debajo del piso de mi abuela. Cuando yo iba a casa de mi abuela procuraba pasar por delante de su puerta sin hacer ni el más mínimo ruido porque, si no era así, a los cinco minutos lo tenía llamando al timbre con su tablero debajo del brazo y las fichas y los cubiletes en una cajita que llevaba en la otra mano.
Como quiera que su madre era la dueña del edificio y, por ende, del piso donde vivía mi abuela, no tenía más remedio que jugar con él para no desairar a la señora.
El idiota sólo quería jugar a “La Oca” y jamás consentía en darle la vuelta al tablero para jugar al parchís pues decía que todavía no se había aprendido bien las reglas del juego y yo le podría engañar.
Si no era imbécil, era lo siguiente…

domingo, 1 de septiembre de 2019

Sobre la Tierra


Siempre he presumido de tener los pies sobre la tierra, es decir, que soy una persona que no se deja llevar por fantasías y otras zarandajas, pero lo cierto es que ya no estoy tan seguro de ello.
Y Vds. se preguntarán el porqué de este cambio que creo se está produciendo en mi persona pero la cosa es más bien intuitiva que razonable, o sea, me explicaré:
Si yo siguiese estando totalmente seguro de que no soy un fantasioso, ni siquiera me lo estaría cuestionando a estas alturas y, sin embargo, no me siento bien cuando digo lo de “los pies sobre la tierra” pues mi conciencia no me deja dormir tranquilo si hago esta aseveración y, cuando pierdo el sueño, me da por darle vueltas a la cabeza y cada vez se me ocurren ideas más disparatadas.
Con este razonamiento no sé si he conseguido explicar mi desazón y la intranquilidad de mi espíritu, pero, a medida que voy escribiendo me voy relajando y eso es bueno sin lugar a dudas puesto que, si no fuera así, no tendría más remedio que sentirme desesperado y, más tarde o más temprano, mi cambio existencial me llevaría a la fantasía y, quien sabe si  a la creación literaria que podría convertirme en un escritor de éxito y de esta forma pudiera ser que volviera a tener “los pies sobre la Tierra”.