miércoles, 17 de junio de 2015

Mi amiga Espe



          Mi amiga Esperanza ha debutado en política como independiente dentro de la lista que presentó el PSOE a las elecciones municipales de Palma del Río y, como no podía ser de otra manera, salió elegida.
         Ahora el Alcalde, que inicia su tercer mandato, la ha nombrado Primera Teniente de Alcalde y bajo su responsabilidad estarán las áreas de Desarrollo Local, Agricultura, Agroindustria, Turismo, Nuevas Tecnologías, Educación, Cultura, Relaciones con la Universidad y Personal.
          Y digo yo que va a necesitar días de treinta horas como poco para abordar la tarea encomendada aunque estoy seguro de que la realizará a la perfección y con ese talante alegre y positivo que la caracteriza.
         ¡Gracias por estar ahí! Tus paisanas y paisanos aplaudirán tu gestión. No me cabe la menor duda.

Tomando café



         Seis eran seis, cuatro rubias (de bote) y una morena (tal vez de bote también). La morena tendría unos cuarenta y la mayor de las rubias andaría por los sesenta.
         Se sentaron en una mesa de la cafetería y llamaron al camarero. Necesitaron un cuarto de hora de “puesta en común” y luego cada una pidió un versión diferente de café:
Uno “sólo”,
Uno “manchao”,
Otro “mitad”,
Un “cortao”,
Una “sombra”
Y una “nube”
         Tal como fue la comanda no cabe duda que estábamos en una cafetería de Málaga.

miércoles, 10 de junio de 2015

Aburrimiento



         Llevo ya casi quince días de inactividad y me estoy hartando. La vida del acompañante-cuidador en el hospital es un auténtico “coñazo” (con perdón) y es que necesito ya volver a mis actividades de jubilado jardinero y piscinero porque estoy al borde de un ataque de “hospitalitis”  y eso que, desde que compré este cuaderno donde escribo, la cosa está siendo un tanto más llevadera e incluso, en determinados momentos, llega a ser casi interesante.

martes, 9 de junio de 2015

¡Torero!



         La muleta en la izquierda como si fuera lo más natural. Intentando mantenerse lo más estirado posible sin conseguirlo del todo. La mirada al frente forzando a su cuello a una postura harto incómoda… le habían operado de una rotura de cadera pero la cosa no había quedado demasiado bien.

lunes, 8 de junio de 2015

La atracción de la pantallita



         La sala de espera de información debería llamarse “sala de hipnosis telefónica” pues de catorce personas presentes, once están “trasteando” el teléfono móvil, dos están charlando entre ellas y un servidor está tomando notas para realizar esta entrada en el blog… ¡Atención! ¡Una enfermera acaba de atravesar la sala “oteando” su móvil! Debe tener un radar porque no ha chocado con nadie y no ha levantado la vista en ningún momento.

sábado, 6 de junio de 2015

¡Vaya con los chinos!



         A lo largo de un tramo de unos ciento cincuenta metros de una importante avenida en una capital andaluza hay varios bazares chinos situados en la misma acera, lo que me hizo plantearme el porqué de tal coincidencia en la ubicación.
         Cuando salí a pasear por la tarde comprendí perfectamente el “misterio”: la acera donde están los bazares es la que está a la sombra y así se ahorran el gasto de poner toldos para protegerse del sol en las horas de más calor.

viernes, 5 de junio de 2015

Una advertencia inútil



         En la sala de espera donde los médicos van llamando a los familiares de los enfermos para darles información acerca del estado de los mismos, hay un cartel que me llamó la atención, rezaba así: “No mover los asientos de su sitio”
         Como quiera que fueron llamando a las demás personas y me quedé el último, no pude resistirme a la curiosidad y decidí mover la fila de asientos que tenía frente a mí. Tiré de un extremo y aquello no se movió ni un milímetro. Pensé que era demasiado pesado pero, fijándome mejor, me dí cuenta de que estaban atornillados al suelo; seguramente alguien, harto de que la gente los moviera, había tomado las medidas oportunas pero se había olvidado de quitar el cartelito.

jueves, 4 de junio de 2015

Relevo generacional



         A los diez días de mi vida como acompañante hospitalario volví a visitar la sala de espera de “los gordos”. El panorama era más o menos el mismo que pude observar la primera vez, si bien es cierto que en esta nueva visita sólo había mujeres, las obesas eran más jóvenes que en la primera ocasión.
         No me quedé a esperar que llegase la “excepción” pero me fui con la convicción de que “el equipo de las gordas” tenía cantera.

miércoles, 3 de junio de 2015

Quedaron en volver



         Sólo eran tres pero hablaban por ocho o diez y, además, hablaban a voz en grito como si los demás estuviésemos sordos o como si pretendieran que todo el mundo se enterase bien de los pormenores de sus vidas que, por otra parte, no eran ni mucho menos interesantes para nadie.
         Estuvieron “deleitándonos” con sus aventuras en el supermercado y en la pescadería e, incluso hicieron referencia a los escarceos que cada una tenía con su respectivo a la hora de meterse en la cama, total, una tortura que duró las dos horas y media de la visita a su amiga enferma que se pasó el rato dormitando.
         ¡Qué alegría cuando se marcharon!, pero… quedaron en volver la tarde siguiente.

martes, 2 de junio de 2015

La excepción confirma la regla



         Cuando entré en la sala de espera una muestra de “michelines” embutidos en ropas ajustadas me recibió. Ellas eran seis todas gordas y orondas y ellos sólo tres pero igual de obesos. Les miré a través de los oscuros cristales de mis gafas de sol y me senté en el primer asiento que estaba libre. Pensé: al lado de esta gente yo podría parecer un tipo delgaducho aunque estoy un tanto rellenito.
         De pronto las miradas de los dos hombres y las tres mujeres que se sentaban frente a mí se volvieron al unísono en dirección a la puerta de entrada como si un invisible resorte les hubiera movido. La mujer que acababa de entrar era un canon de la especie: una cara preciosa enmarcada por una media melena morena y un cuerpo que quitaba el hipo al más pintado. Avanzó con paso decidido sin siquiera dedicarnos una fugaz mirada y fue a sentarse en el asiento situado al final de la sala donde sacó su teléfono móvil y se enfrascó en su contemplación como si de un objeto hipnótico se tratara. Observando a la una y a los otros pensé que en aquella ciudad todas las personas eran gordas… porque “la excepción confirma la regla” y, para más INRI, al día siguiente en la misma sala de espera había cuatro gordos y tres gordas. Estuve esperando más de dos horas pero la “excepción” no volvió a aparecer.