martes, 3 de enero de 2017

El Heraldo de los Reyes Magos



El Heraldo de los Reyes Magos recorrió esta tarde las calles de Palma del Río recogiendo las últimas cartas que le han entregado los niños y niñas palmeños para que las tengan en cuenta Sus Majestades de Oriente.
Esta ha sido la primera vez que se ha realizado dicha actividad en nuestra ciudad y me ha cabido el honor de ser el maestro de ceremonias presentando el acto y narrando las situaciones que se han sucedido: llegada del Heraldo a caballo con una cohorte de beduinos y caballeros amén de la charanga anunciadora, petición y entrega de la llaves de la ciudad a cargo de la cocejala de festejos Ana Belén Santos y lectura de sendas cartas a cargo de los Reyes Magos.


Una buena asistencia teniendo en cuenta que era la primera vez que se realizaba el evento y unas caritas en los pequeños que no son fáciles de olvidar.




lunes, 2 de enero de 2017

FELIZ AÑO NUEVO



Y se dijeron “Feliz año nuevo”
pero sin desearlo,
fue con menos pasión que calor tienen
las tardes del Invierno
con ese sol que enfría en vez de calentar,
pero ellos se dijeron “Feliz año nuevo”,
literalmente así,
sin ponerle ilusión,
sin ponerle verdad,
como quien no dice nada,
como si de un no-deseo se tratara.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Una siestecita



El cascabeleo del caballo y el balanceo del coche le iban adormeciendo poco a poco hasta que dejó de escuchar el sonido y se sumió en un sueño profundo y reparador.
Recorrió calle a calle y plaza a plaza la zona antigua de la ciudad sin disfrutar de los monumentos que iban pasando junto a él y no despertó hasta que el frenazo del caballo le sacó de su modorra. Miró el reloj y comprobó que, como siempre, había tardado cincuenta minutos en el recorrido. Menos mal que el caballo se sabía el camino de memoria porque los “guiris” que había paseado no se habían percatado de nada.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Tras la puerta



Aquella mañana había salido a dar un paseo en bici por el campo siguiendo una ruta nueva para él pero de la que le habían hablado muy bien sus colegas de la Facultad. El camino discurría siguiendo el cauce de un arroyo pasando muchas veces por dentro del bosque de galería, por eso fue que no vio a tiempo aquella rama con la que se golpeó en la cabeza y le hizo rodar por el suelo donde quedó un tanto conmocionado.
Al principio no tenía conciencia clara del lugar donde se encontraba pero, tras unos momentos de aturdimiento, recobró la consciencia totalmente y se levantó del suelo comprobando que, aparte del golpe de la rama, no le dolía ninguna otra parte del cuerpo.
La bicicleta se encontraba unos metros más adelante y, después de revisarla, no encontró desperfectos aparte de algunos arañazos en la pintura.
Se colocó bien el casco, que había ido a parar a su coronilla, subió de nuevo a la bici y se dispuso a reanudar la marcha. El sendero ahora se despegaba del cauce fluvial y se empinaba buscando lo alto de una loma y al llegar allí la vio: era una casona semiderruida de la que no le habían hecho mención sus amigos y el camino moría precisamente a las puertas de la misma.
─ Me habré equivocado en alguno de los cruces de caminos porque nadie me ha mencionado que este caserón estuviera aquí ─ Pensó para sus adentros mientras echaba pie a tierra y observaba el edificio.
Tenía ante él un cortijo de dos plantas cuyo tejado había ido cayéndose poco a poco con el tiempo dejando a la vista algunas de las vigas que parecían el costillar de un barco boca abajo, pero lo que llamó poderosamente su atención fue que la puerta parecía estar en perfectas condiciones de conservación. Era una puerta de duelas en la que los clavos de latón relucían como si llevasen allí poco tiempo.
Se acercó y pudo apreciar que estaba entornada por lo que apoyó la bicicleta contra el muro de la fachada y se dispuso a penetrar dentro de la casa a través de aquella puerta entreabierta que parecía invitarle a hacerlo…
Entonces fue cuando sintió un dolor agudo en la cabeza, se llevó la mano al lugar dolorido y notó como un chichón de grandes dimensiones le había “brotado” en medio de su frente. Se hallaba tirado en medio del sendero con el casco en la coronilla y la bici había ido a parar a unos metros por delante.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

El colmo de la curiosidad



Incluso antes de abrir el paquete, ya sabía lo que iba a encontrar en su interior. Lo había traído un mensajero por la mañana pero no fue hasta que volví para comer que me lo entregó mi vecina pues se había hecho cargo de él al ver que yo no estaba en casa.
Le dí las gracias pero ella se quedó quieta como un pasmarote esperando que rompiera el precinto que cerraba la tapa (la verdad es que era un poco, por no decir un mucho, cotilla la señora). Me quedé mirándola a los ojos sin mostrar ni la más mínima intención de abrir la caja, pero ella siguió allí resistiendo mi mirada y sin decir palabra.
─ ¿Necesita Vd. algo, Pepita?
Ella pareció despertar de su quietud y esbozando una sonrisa malévola musitó:
─ No, nada, ya me iba.
Pero no se movió del dintel de la puerta y casi tuve que darle con ella en las narices cuando la cerré. Llevé el paquete a mi dormitorio y lo dejé encima de la cama. Me pareció ver fugazmente la cara de mi vecina desaparecer detrás de los visillos de la ventana. Eché las cortinas y encendí la luz para ver mejor el contenido del envío aunque ya digo que sabía perfectamente lo que iba a encontrar dentro de él. En ese momento sonó el timbre de la puerta. Dejé la caja sobre la cama y fui para ver quién llamaba. Otee por la mirilla y allí estaba ella: mi vecina Pepita. Me entraron ganas de no abrirle pero al final pudo más mi parte cortés y abrí la puerta.
─ Dígame qué se le ofrece ─ Dije con un tono de voz que no era ni mucho menos amable.
Me miró de arriba abajo y me soltó:
─ No hace falta que me diga lo que contiene su paquete porque sólo los sombreros se envían en ese tipo de cajas y, además, he leído quién era el remitente…
─ ¿Entonces? - La interrumpí sin dejarla terminar la frase.
Volvió a mirarme de arriba abajo y, con una voz melíflua y cierto retintín me dijo:
─ Me gustaría saber de qué color es.
Se dio media vuelta y se largó dejándome con la palabra en la boca.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Matar a un personaje



Es difícil matar a un personaje. Después de tanto escribir sobre él, de tanto pensar en cómo habría de ser tanto física como moralmente, después de haberle seguido los pasos y de corregir una y cien veces sus acciones, se le llega a tomar cariño aunque se trate de un personaje deleznable pero, al fin y al cabo, es hijo tuyo, imaginario sí, pero hijo de tus entrañas cerebrales. Has convivido con él a lo largo de todo un proceso de creación y ahora, después de todo este camino recorrido juntos, vas y le matas… no, eso no es natural, es como una traición y no está la cosa como para traicionar a nadie… ¿Y si le dejas vivir y vuelve a aparecer en otro relato?... Sí, creo que esta opción es mucho mejor, más humana sobre todo, al fin y a la postre siempre habrá tiempo de matarle si no mejora su comportamiento… Pero ¿y si le dejas vivir y sigue siendo un personaje mortífero?... En este caso sería mejor matarle y esta historia se acabó… No, no es tan simple la solución, pienso que sería mejor darle una nueva oportunidad… o varias si es preciso…
Bueno pues me voy a poner manos a la obra y voy a crear al personaje de mi próximo relato que tiene que ser…

sábado, 24 de diciembre de 2016

PAJARILLOS



En las tardes de invierno de sol que no calienta
que se nos van volando pues el día tiene prisa
por dar paso a la Luna, se afanan los jilgueros
por encontrar cobijos donde pasar la noche
con la tranquilidad de no tener peligros
que pongan su existencia al borde del abismo
mientras sueñan despiertos con primaveras nuevas,
con nidos, con polluelos, con nueva descendencia
que les haga sentir una nueva experiencia
para sobrevivir, para ganar otro año,
débiles como son pero quieren lograrlo.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Ya no eran unos niños



Apenas se desperezaba la tarde cuando tomaron el camino que llevaba a los neveros. Su padre aún le consideraba demasiado pequeño para subir a la montaña y prefirió hacer un recorrido más corto.
La senda se empinaba y su padre se volvía de cuando en cuando para ver si le seguía. Miguelito, aunque muy joven, tenía una resistencia mayor de lo normal para un niño de su edad y seguía a su progenitor a dos o tres pasos de distancia, sin decir palabra pero sin perder el resuello.
De pronto su padre se detuvo y Miguelito se puso a su altura escudriñando el pequeño llano que se ofrecía a sus miradas.
─ Allá, Miguelito, mira junto al árbol reseco, allá esta el nevero ─ dijo el padre con la voz teñida por la emoción.
Miguelito siguió con la vista el camino que su padre indicaba con el dedo y se quedó pasmado: aquello blanco que relucía con los rayos del sol del atardecer era la nieve.
Para el pequeño fue un descubrimiento casi tan grande como la admiración que sentía por su progenitor.
Los paseos con su padre, aquél hombretón de pelo rizado negro como la noche, eran la delicia de Miguelito que, cuando desapareció de su vida, fue como si se le apagase la luz y gracias a su amistad con Bertita, su vecina de al lado, consiguió recuperarse poco a poco hasta casi olvidarlos porque Bertita era ruidosa como un cascabel y tenía una vitalidad que la hacía una personilla de lo más encantador y le obligaba a no parar de hacer cosas de tal manera que Miguelito, sin darse cuenta, se hizo “Bertitadependiente” y ya no sabía vivir sin estar con ella a todas horas de tal manera que casi todos los días sólo iba a dormir a su casa.
Unos años después los padres de Bertita decidieron irse a vivir a otro lugar bastante lejano pues allí le había salido trabajo al cabeza de familia. Miguelito sintió como si la tierra se abriera bajo sus pies y cayó de nuevo en la melancolía.
El tiempo que todo lo cura le fue encalleciendo la herida producida por la falta de sus dos seres más queridos hasta que volvió a ser un adolescente cabreado como todos los demás.
Cuando Miguelito, ya convertido en Miguel, se marchó a estudiar a la universidad sucedió lo inesperado pero que en su fuero interno no había dejado de anidar: aquella chica preciosa que estaba hablando con unas compañeras era Bertita con toda seguridad y hacia ella dirigió sus pasos. En el momento que se cruzaron sus miradas, Miguel estuvo totalmente seguro:
─ ¡Hola! ¿Eres Berta verdad?
─ ¿Nos conocemos de algo? ─ Fue la respuesta de ella.
Miguel enrojeció hasta la raíz del cabello, dio media vuelta y, cabizbajo, huyó a buen paso buscando algún lugar donde refugiarse para esconder su vergüenza.
Sintió que le tocaban en el hombro y se volvió con las lágrimas a punto de brotar en sus ojos y allí estaba ella con cara sonriente:
─ Que sí soy yo, idiota. Que sólo quería gastarte una broma.
Miguel no dijo nada sino que se fundieron en un abrazo que prometía muchas cosas más…

martes, 20 de diciembre de 2016

PUEDO DECIR



Puedo decir que no me importa nada
si tropiezas y caes porque no miras donde
pones los pies, pero si me molesta
que te caigas encima de mi espalda
que no tiene ni culpa ni mucha fortaleza
para aguantar tu peso ni tu inercia
y con mayor motivo tu torpeza.
Puedo decir que estabas en mi casa
aunque no sea así y por eso esconde
la verdad que no quieres que se sepa
de tus líos de amores y de faldas
de tu vida errabunda, ciega, inquieta
pero no pidas que también defienda
tus engaños continuos, tu vileza.

sábado, 17 de diciembre de 2016

EVANESCENTE



Como el rumor del agua
de arroyos cristalinos,
como el tacto de sedas,
algodones o linos,
tu aroma todo llena
de múltiples matices,
de dulces sensaciones
y de suaves caricias.
Tal vez todo es ficticio,
sólo imaginación
y luego si despierto
todo se desvanezca
como la niebla leve
que se va con el sol.