martes, 4 de octubre de 2016

Elucubraciones



Mientras la dorada luz de la tarde otoñal me lleva de la mano inexorablemente hacia el crepúsculo, trato de ordenar mis ideas para ponerme a escribir como hago día a día desde hace ya seis años.
Hay momentos en los que siento unas ganas irrefrenables de apagar el ordenador y dedicarme a leer un rato o a mirar, sí digo mirar y no ver, la televisión aunque no voy a encontrar nada en ella y sí en la otra, es decir, en la lectura, donde puedo hallar “agua” con que llenar el pozo casi seco de mis ideas.
Pero no, al final no opto por ninguna de ellas y me tumbo en el sofá para intentar poner la mente en blanco y es entonces cuando empiezan a aflorar los problemas que he tratado de ocultar bajo la capa del tiempo pero que no se resignan a ser olvidados y ahora pretenden martirizarme.
La verdad sea dicha, la vida del escritor es un tanto más complicada de lo que yo me pensaba cuando decidí apostar por esta profesión para ocupar los años de mi jubilación pero ¿qué profesión no es complicada? Si alguien lo sabe que me lo diga.

1 comentario:

  1. Complicada pero gratificante. (Y eso que yo no soy escritor.)

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