miércoles, 25 de enero de 2017

EL ALGARROBO



Verde frondosidad y remanso acogedor
que invita a cobijarse debajo de tu sombra
para disminuir los rigores del verano
en que las tardes se alargan calurosas.
Tus frutos retorcidos del final del estío,
otrora golosinas apreciadas,
que hicieron las delicias de los niños
cuando vivía los tiempos de mi infancia.
Tu fuerte tronco agrietado por los años
se agarró a mi jardín para quedarse,
y llamas a rebato a las abejas
que en los principios del Otoño te visitan
para llenar con tus aromas de vainilla
los dulcísimos sabores de sus mieles.

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