sábado, 4 de julio de 2015

Dos puntos de vista



         ¡Qué bonito es esto! ¡Si estuviese aquí mi Marcelo para disfrutar del paisaje! ¡Con lo que le gustan a él los árboles y los pájaros que cantan! Le encantaría que le hiciese fotos para luego poder recordarlo todo.

         ¡Qué bonito es esto! Menos mal que no está aquí mi Lola porque no me dejaría tranquilo para contemplar el paisaje. Ponte aquí, ponte allí y dale que te pego con las fotos… hasta agotar la batería de la cámara y yo sin poder disfrutar de la visión de los árboles que tanto me gustan ni de escuchar a los pájaros que cantan.

viernes, 3 de julio de 2015

Charla entretenida



       ─¿Pero Vd. está seguro de que esto se va a arreglar?
         ─Hombre, yo estoy prácticamente seguro.
         ─Entonces, ¿no está totalmente seguro?
         ─Es que totalmente no se puede asegurar nada.
         ─Pues yo necesitaría una seguridad absoluta.
         ─No creo que exista.
         ─¿Por qué?
         ─Porque el cálculo de probabilidades no es lo que se dice una ciencia exacta.
         ─Pero, ¿y la confianza en la Providencia Divina?
         ─¡Ah! Eso ya es otra cosa.
         ─¿Más segura?
         ─No sé… es que yo soy ateo…
         ─Ya, ya, Vd. lo que no quiere es mojarse.
         ─Oiga, que si me sigue hablando, la operación con anestesia local me va a salir un churro. Ya sabía yo que hubiera sido mejor dormirle.

miércoles, 1 de julio de 2015

Recuerdos: El bar de “Pepe el Elegante”



         En la parte izquierda de la entrada a Playa Bella se encuentra un restaurante en el que, por cierto, se come muy bien y a un precio no demasiado alto para la Costa del Sol.
         El establecimiento no siempre fue un bar sino que comenzó siendo un pequeño supermercado que tuvo que cerrar por falta de negocio ya que sólo tenía venta en verano.
         Compró el local un fontanero que puso un bar donde se podía tapear y lo llamó “Casa Pedro”
         Más adelante lo vendió a su dueño actual que venía de ser maître en un restaurante de la zona. Éste le dio tal cambio al establecimiento que parecía un lugar diferente y mucho más elegante (aunque un tanto recargado en la decoración) que el bareto anterior. Como el dueño se llama Pepe igual que “el Bello”, la gente lo llama el Bar de “Pepe el Elegante”

Dos “amigas”



         ─Mírame bien la cara ¿Qué me ves?
─Pues tu cara, ¿qué quieres que vea?
─En la frente, en la frente, ¿qué tengo en la frente?
─Tienes la frente… tienes la frente muy despejada por cierto.
─Vale, vale, ya sé que estoy perdiendo el pelo pero no era necesario que me lo hicieras notar… y en el ojo, ¿qué me ves?
─Veo un ojo, porque el otro lo tienes tapado.
─Es que soy tuerta, hija, no hacía falta que me lo recordaras.

lunes, 29 de junio de 2015

Teléfono de atención al cliente



         ─Oiga, ¿es Vd. el que atiende las reclamaciones?
         ─Sí señor, ¿cuál es su problema? (Tono amable y profesional)
         ─Ninguno, el único que va a tener un problema va a ser Vd. (Tono un poco chulito)
         ─¿Siii? ¿Cuál? (Tono un poco mosqueado)
         ─Pues como se alargue mucho esta conversación… (Tono amenazante)
         ─¿Qué pasa si se alarga esta conversación? (Tono cabreado)
         ─Pues que le estoy llamando a cobro revertido desde Hong-Kong y la factura le va a salir por un pico. (Corta comunicación)

Médico de guardia



         Cejas pobladas enmarcando unos ojos enrojecidos por las horas de vigilia de una guardia “movidita”, barba entrecana y descuidada bajo una aguileña nariz y una boca torcida en un rictus que denota un cansancio cuasi extremo. Los cabellos largos, crespos y despeinados como los de un león después de una pelea. El fonendo al cuello cual estola y la bata arrugada y desabotonada.
         Si te lo encuentras de pronto en un callejón oscuro te da un susto de muerte.

domingo, 28 de junio de 2015

La carrera



         Había sido una tarde de calor sofocante pero cuando el sol se escondió detrás de la última duna, la temperatura comenzó a bajar de forma apreciable.
         Andrés pensó que si había llegado vivo hasta las cercanías del oasis, podría avanzar ahora aunque fuese a gatas hasta la laguna o el pozo que suponía habría en el interior del pequeño palmeral.
         Intentó ponerse a cuatro patas pero sólo consiguió estirar uno de sus brazos sintiendo un dolor que se le clavaba hasta el tuétano de los huesos. Decidió esperar hasta que el frescor de la noche le devolviera la vitalidad necesaria pera intentar acercarse a su salvación.
         Las horas fueron avanzando de forma inexorable hacia el siguiente amanecer y Andrés únicamente pudo arrastrarse una decena de metros. Se puso boca arriba y, taloneando en la arena, consiguió arrastrarse unos metros más pero no era suficiente, aún le faltaban unos cincuenta para alcanzar el palmeral.
         La claridad que comenzó a iluminar el horizonte le hizo sobrecogerse de temor: el nuevo día estaba próximo y el calor acabaría con las escasas energías que conservaba.
         Se concentró y, desde lo más profundo de su ser, sacó la fuerza suficiente para levantarse y correr a trompicones buscando el agua, pero ya era tarde… demasiado tarde… su loca carrera no era más que un espejismo y, cuando miró hacia atrás, pudo ver su cuerpo exánime tendido cara al sol que acababa de asomar por detrás de las dunas.

jueves, 25 de junio de 2015

Recuerdos: Las “moragas” en la playa, las sangrías y la “leche de pantera”



         Como no teníamos coches para salir a divertirnos a Estepona o a cualquier otro lugar y solo Paco tenía carnet y su padre le dejaba el coche, los viernes íbamos muy temprano al puerto pesquero y comprábamos a buen precio una caja de sardinas.
         Al atardecer preparábamos una candela en la playa para tener buenas ascuas en donde asar los espetos de sardinas A la vez hacíamos una sangría en un barreño enorme y la cargábamos bien de ginebra y de canela que decían que era un ingrediente afrodisíaco.
         Cuando dábamos cuenta de la sangría y las sardinas, rematábamos con una “leche de pantera” que no era otra cosa sino leche condensada que rebajábamos a base de ginebra y pillábamos unas cogorzas que acabábamos groguis.

lunes, 22 de junio de 2015

Recuerdos: El bar de Pepe “el Bello”



         La Antonia le dejó el bar a su único hijo Pepe, al que todos llamábamos irónicamente “el Bello”.
         Pepe amplió el tamaño del bar pero su falta de conocimiento le hizo tener un bar impredecible o sorprendente cuando menos. Lo regentaba junto a Mercedes, su mujer, que no era mucho más espabilada que él. Allí nunca sabías la marca de cerveza que ibas a beber ni si estaría fría o caliente, lo mismo que el vino. Para ilustrar esta característica voy a contar una anécdota que nos sucedió:
         Estábamos en Playa Bella junto con mi compadre Carlos y su mujer Mari Carmen y otra pareja de amigos, Natacha y Pedro Luis. Fuimos a tomar una copas y algo para picar y nos recibió Mercedes con un sombrero de paja calado hasta las cejas y su sonrisa bobalicona.
Pedimos la bebida que, sorprendentemente, estaba fría y mi compadre se atrevió a pedir el picoteo:
         ─ Mercedes, ¿tienes unas sardinitas?
         ─Ziii ─ afirmó mientras se quitaba el sombrero y justificaba su atuendo ─ Es que vengo de coger “frijones” (guisantes).
         ─¿De esas de la barca, fresquitas? ─ Continuó el compadre haciéndosele la boca agua.
         ─ Claro que están fresquitas, la lata la tengo en el frigorífico  ─ Remató con aire triunfante por podernos atender bien.
         La cara de Carlos pasó de la alegría a la decepción en menos de un segundo. Nos aguantamos la risa para no ofender a la pobre Mercedes que se dirigió al frigorífico en busca de las “sardinitas”.

domingo, 21 de junio de 2015

El “letrerito”



         No me importa, es más, me encanta que te disfraces y lo pases fenomenal en Carnaval.
         Por supuesto que no me molesta si te disfrazas de papelera o de contenedor de basuras, pero lo que realmente me pone histérico es que te cuelgues el “letrerito” que dice: “ÚSAME”.