Siguiendo
con el tema de las bebidas refrescantes y recordando mi época de juventud en el
barrio de la Ciudad Jardín de Córdoba, voy a referirme a otra combinación mucho
menos conocida pero que en su tiempo se consumió bastante. Me refiero a la
“Amapola” que no era otra cosa que un Valgas del tamaño de una copa de vino si
bien el vino que dio origen a esta denominación no era el Valdepeñas sino el
tinto de Jumilla que daba una diferente coloración a la bebida y que algún
parroquiano del Bar Paco (que estaba junto a “Costa sol”) se le ocurrió
comparar con un supuesto zumo de amapolas. Su difusión fue mucho más local que
la del Valgas pero no he podido resistirme a referirme a ella como elemento que
perteneció a una etapa de mi vida en mi ciudad natal.
No tomes literalmente lo que aquí se muestra, siempre puede haber una segunda lectura... o, tal vez, no.
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miércoles, 14 de agosto de 2013
lunes, 12 de agosto de 2013
El “Valgas”
Es
posible que a nadie le interese esta entrada pero es algo que tiene sus
orígenes en la época de mi nacimiento y, como tal, es importante para mí como
coetáneo mío que lo es.
De
todos es bien sabido que el “Cubalibre” es un combinado de Ron y Coca-cola y de
la procedencia de la primera de las bebidas y lo que representaba la segunda
procede su nombre, (aunque con el tiempo se haya generalizado el nombre a
muchas otras combinaciones e incluso se ha bastardeado llamándolo “Cubata”),
pues bien, la denominación “Valgas”, (pronunciado “Vargas” en Andaluz),
corresponde a una combinación de origen cordobés que procede de las palabras Valdepeñas
y Gaseosa que en los años cincuenta (cuando todavía no había Coca-cola en
España y, mucho menos “Cubalibres”), era la bebida fundamental del caluroso
verano. No obstante, la gaseosa “La Casera” en los años setenta comenzó a
popularizar la misma bebida con el nombre mucho menos ingenioso de “Tinto de
Verano” pero que ha arraigado más debido a las campañas publicitarias de la
marca en cuestión.
De
todas formas yo, que soy un poco contracorriente, sigo pidiendo un “Valgas”
aunque muchas veces tenga que explicar de qué bebida se trata y aguantar
después el consabido: “Ah, ya, un tinto de verano, ¿no?”
domingo, 11 de agosto de 2013
Tan sólo aire y poco más
Sintió
cómo sus pensamientos le gritaban por dentro sumiéndola en un mar de confusión
que estaba a punto ya de volverla loca de remate, pero no se amilanó y continuó
caminando en dirección a lo que podía significar su fin. Jamás había pensado
que las cosas tomarían un derrotero que, por inesperado, no era fácil de
controlar y menos aún en una situación tan agobiante.
El
viento empujaba colaborando a que todo terminase antes y su sufrimiento cesara
al fin. Aquella pared se aproximaba a una velocidad cada vez mayor. Todo estaba
perdido. Nadie se acordaría al cabo de un rato… Si aquél niño seguía soplando,
volvería a nacer otra pompa de jabón.
sábado, 10 de agosto de 2013
Fin de la cita
¡Cómo
me hubiera gustado criticar la comparecencia del Presidente Rajoy ante el pleno
del Congreso de los Diputados!, pero me fue totalmente imposible porque fue de
tal “densidad” el contenido de su parlamento que me sentí impotente (en el mejor
sentido de la palabra) para analizar sus palabras cargadas de sinrazón y de
lugares comunes con el sonsonete estúpido de “fin de la cita” que seguramente
alguno de sus sesudos asesores le hizo para que la usara como remoquete a lo
largo de su insustancial e insulsa intervención ( que hay que echarle valor
para hablar durante cuarenta minutos y no decir apenas nada como en los mejores
tiempos de Felipe González).
En
definitiva que no voy a decir nada al respecto y me lo voy a guardar para mí
que, cualquiera sabe, a lo mejor me sirve para algo el día de mañana.
Tal vez
algún día veamos unos políticos diferentes proponiéndonos soluciones diferentes
y sin necesidad de lucrarse a costa de lo que es de todos.
¡Que así sea!
viernes, 2 de agosto de 2013
¿Sirenas?
El
ruido de las olas al romper mansamente en la arena de la playa era lo único que
se escuchaba en el silencio de la noche. Aquél rumor que otras veces le había
servido para dormirse ahora se había vuelto contra él y estaba a punto de
sacarle de quicio, tal era su estado de ánimo después de lo ocurrido el día
anterior.
Aquél
era un verano de los más calurosos que recordaba y la mañana ya advertía con su
bochorno de lo que iban a ser las horas centrales del día, cuando hasta las
chicharras dejaban de cantar por lo elevado de la temperatura.
Tony
cogió su tabla de windsurf y se dirigió resueltamente hacia la orilla. El
viento caliente de tierra infló su vela en cuanto se puso de pié sobre la tabla
y comenzó a arrastrarle mar adentro como tantas y tantas veces había pasado a
lo largo de los años que llevaba practicando su deporte favorito.
Estaba
tan ensimismado contemplando la caprichosa gama de azules que presentaba el mar
que, cuando quiso darse cuenta, dejó de ver la costa que debía ser su referencia
para volver.
En
principio no se puso nervioso y cambió la orientación de la vela para marchar a
contraviento pero en ese mismo instante el viento dejó de soplar, se instaló
una calma chicha y negros nubarrones cubrieron el cielo dando al traste con su posibilidad
de orientarse por el sol.
Se
sentó en la tabla y dejó caer la vela que quedó flotando en el agua. Poco a
poco, y con el suave balanceo, un sueñecillo se fue apoderando de él. No tenía
idea de cuanto tiempo habría transcurrido cuando un chapoteo le sacó de su
sopor. Miró hacia el lugar de donde procedía el ruido y solo acertó a ver el
extremo de un par de colas de pez que se hundían bajo el agua y volvió a
sumirse en el sueño quedando exánime tumbado sobre la tabla. Le pareció
escuchar entre sueños voces de mujeres pero no consiguió abrir los ojos.
La
tarde agonizaba cuando Tony recobró el sentido y se encontró tumbado en la
arena de la playa. Su tabla se encontraba a pocos metros de él y fuera del
alcance de las olas que le lamían suavemente los pies. Instintivamente dirigió
su mirada hacia el mar y creyó vislumbrar un par de cabezas que se hundían en
el agua. Esperó para ver si volvían a salir a la superficie pero fue inútil,
nadie asomó entre las tranquilas aguas.
¿Quién
le había sacado del agua? ¿Tal vez un delfín amigo de los bañistas despistados?
¿O quizás…? No, no podía ser,… las colas que vio cuando estaba en medio del mar
tenían escamas,… y los delfines no las tienen y no tienen voces de mujer…
jueves, 1 de agosto de 2013
El adivino
─ ¡Hola! ¿Es el adivino?
─ No, se ha equivocado de número
─ ¿Está seguro de que no es el adivino?
─ Le digo que no, que no soy el adivino
─
Pues estoy llamando al número de teléfono que sale en la tele
─
Pues le repito que yo no soy el adivino
─
¿Y no podría hacer un esfuerzo y adivinarme algo?
─
Que no, que yo no soy adivino ni nada por el estilo
─
Pero por una vez podría probar…
─
Le digo que no, que no puede ser, que esto no es serio
─
Pero si Vd. no pierde nada por probar, ande sea bueno y adivíneme alguna cosa
─
La verdad es que es Vd. pesada,… pero en fin, probaré. Dígame ¿qué quiere que
le adivine?
─
¿Es una prueba o va de verdad?
─
Hagamos una prueba…
─
Bien pues dígame ¿cómo conseguiría yo un trabajo en el que se haga poco y se
gane mucho?
─
Pues sabe lo que le digo…
─ No si Vd. no me lo dice
─
Pues que no le voy a contestar a su pregunta.
─
¿Y por qué?
─
Porque me la voy a guardar para mí mismo que yo también estoy en el paro.
viernes, 26 de julio de 2013
Medioambiental
Llevaba
ya un buen rato inspeccionando el terreno palmo a palmo. Nada pasaba
desapercibido para su vista perfectamente entrenada. Aún no había atisbado ni
siquiera un leve movimiento en algún arbusto que pudiera delatar la presencia
de un ser vivo cuando sintió el silbido del proyectil que pasó rozando su
cabeza. Inmediatamente se puso en guardia y pensó a toda velocidad en buscar un
lugar donde refugiarse. Un nuevo proyectil le pasó rozando y comenzó a pensar
que verdaderamente tenía un problema. Trató de identificar el origen de
aquellos disparos y una pequeña columna de humo le hizo dar un respingo que le
salvó la vida de milagro. ¡Aquél imbécil no sabía que a las águilas no se les
puede disparar…! ¿Dónde estarían los forestales?
miércoles, 24 de julio de 2013
¿Déjà vu?
No
podía dar crédito a lo que sus ojos contemplaban. Sabía lo que iba a suceder a
continuación pero sus músculos se negaban a entrar en acción, era como si dos
enormes pesas de plomo tuvieran inmovilizados sus pies sin permitirles ni el
más mínimo movimiento al tiempo que sus brazos parecían estar sujetos por una invisible
camisa de fuerza. Se resignó a presenciar aquello que ya veía irremediable y se
relajó para no sufrir demasiado con el impacto que podía producirle el suceso
que se avecinaba… pero no ocurrió nada, decididamente había estado soñando
mientras dormitaba en el sofá para pasar la siesta.
lunes, 22 de julio de 2013
Seguía siendo el rey
Andaba
pausadamente por el sendero que discurría a lo largo de la ladera de la montaña
casi paralelo al riachuelo que recorría el valle de norte a sur.
Un
cielo tachonado de estrellas y presidido por una luna llena majestuosa era el techo
que cobijaba su viaje nocturno.
El
silencioso vuelo de una lechuza le hizo detenerse por un momento y observar
como la sombra de la rapaz cambiaba de posadero. Sólo el sonido de los grillos
y el croar de las ranas del arroyo le acompañaban en su soledad marcándole el
ritmo que debía seguir su caminar.
La
vereda comenzó a ascender primero con poca pendiente pero aumentando a medida
que la iba recorriendo hasta que llegó a lo alto de una peña que dominaba todo
el valle.
El
viejo lobo observó el panorama que, alumbrado por la luna, se ofrecía a sus ya
torpes ojos plagados de cataratas: más pronto o más tarde no tendría fuerzas
para llegar hasta su mirador y lanzó un aullido quebrado y melancólico a la vez
para decir que aún era el rey de aquella sierra.
sábado, 20 de julio de 2013
Maldita luz
Tengo
tiempo de sobra, pensó mientras seguía con la mirada fija en el camino por donde
ella había desaparecido hacía ya bastantes minutos arropada por la oscuridad de
la noche.
Tuvo
una premonición pero la ahuyentó de su mente
sin miramientos, como quien arroja algo inservible al cubo de la basura.
En un
arranque de insensatez absoluta hizo aquello que podría significar su
destrucción irremediable: salió corriendo como una exhalación tras los pasos de
ella gritando su nombre hasta desgañitarse, pero ya era mucha la distancia que
los separaba y no podía oírle.
Entonces
fue cuando comprendió lo estúpido de su proceder, la leve claridad que se
vislumbraba hacia Levante era como la espada de Damocles que se dejaría caer
sobre su vampírica existencia y le convertiría en un montón de cenizas.
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