miércoles, 23 de octubre de 2013

Final



La tarde lluviosa era la consecuencia natural de una mañana plomiza durante la que pasaron de largo negros nubarrones. Al fin, a eso del mediodía, comenzó a llover, al principio tímidamente, pero, a medida que avanzaban las horas, la cadencia de la lluvia fue aumentando hasta convertirse en un repiqueteo que tamborileaba en los cristales de la ventana con sonido monocorde y ritmo acompasado.
Percibió un olor que al pronto no supo identificar. Estaba seguro de que lo había olido antes, tal vez hacía algún tiempo, pero no dejaba por ello de serle conocido. Notó como los recuerdos pugnaban por aflorar en su memoria pero todo fue inútil: seguía padeciendo aquella maldita amnesia que le había provocado el accidente sufrido la semana anterior y que le dejó sin conocimiento durante bastante tiempo.
Las campanadas de un reloj comenzaron a oírse en la habitación contigua. Las fue contando mentalmente: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete…, ahí se detuvo la cuenta, siete era un número que también le parecía que debía significar algo en su existencia pero tampoco lograba recordar el qué…
Ha sido hace poco, ¿verdad?
Sí, justamente cuando el reloj marcaba las siete.
Pobre, no pudo reponerse del tremendo golpe que sufrió en la cabeza y no salió del coma.
Habrá que ventilar la habitación, el olor de la cera y de las flores han hecho que el ambiente esté muy cargado.

lunes, 21 de octubre de 2013

Invita la casa



Era verano y a las cuatro y cuarto de la tarde el vuelo de la línea aérea “low cost” hacía ya más de media hora que había despegado. La tripulación había aceptado a regañadientes el último acuerdo laboral que dejaba reducida la dotación a tres personas por viaje: piloto, copiloto y una azafata.
 Lucrecia terminó de colocar el resto de las botellas de agua en el carrito de las bebidas, se miró en el espejo y se colocó bien el pequeño gorrito que la compañía le obligaba a llevar. Echó una ojeada al termómetro que indicaba la temperatura del interior del aparato: 30 grados.
Fue repartiendo botellas a todos los pasajeros pidiendo disculpas por el fallo del aire acondicionado y regresó de nuevo a su cabina. Tiró el pequeño frasco y la jeringuilla al evacuador de residuos y se asomó a la zona del pasaje: Sí, el efecto del veneno había sido fulminante.

lunes, 7 de octubre de 2013

Aumentamos la “familia”



         En la madrugada del día dos de este mes de Octubre nuestra familia perruna se amplió. Fueron siete los cachorros que alumbró nuestra perra bodeguera y a todos les está dando de mamar desde entonces. Añado un par de fotos para que conozcais a los nuevos inquilinos de nuestra casa:
 

          




         Aún tenemos varios que no tienen dueño y queremos regalarlos.
 

martes, 1 de octubre de 2013

Año Agrícola



         Al mes justo de la tremenda tormenta que nos azotó a finales de Agosto, la lluvia ha vuelto a visitarnos si bien esta vez nos ha tratado, por así decirlo, con más “cariño”. Desde el viernes hasta hoy han sido 24 litros de agua por metro cuadrado que, seguramente, darán vida a la aceituna y a nuestra naranja.
Esperemos que estas primeras aguas del año agrícola sean el preámbulo de una buena cosecha y mejor recolección para que muchas familias palmeñas puedan levantar cabeza y mejorar sus economías.
Que nos libre Dios o la Providencia de los desalmados que abusan de los trabajadores ya que el Gobierno tiene tantas barbaridades que hacer que no puede ocuparse de protegerles.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Quietud



Ensimismado como estaba desde hacía ya más de media hora, cualquiera podría imaginar que sus músculos se habían paralizado pues nada en él hacía pensar en que fuera a moverse al menos de momento. Tenía la mirada perdida en la distancia y la boca entreabierta le daba un aspecto bobalicón que se acrecentó aún más cuando un hilillo de baba comenzó a caer desde la comisura de su boca para ir formando poco a poco un charquito a sus pies. Era la viva estampa de una estatua en la que solo el leve acompasamiento de la respiración delataba que no era un ser inerte.
Sonó un silbido en la distancia y el perro recobró de golpe el movimiento lanzándose en una carrera desenfrenada al encuentro de su amo.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Como Caperucita



La oscuridad era absoluta. Por más esfuerzos que hizo no consiguió ver ni siquiera su propio cuerpo. Aquello ya era demasiado raro, como para pensar que se encontraba inmerso en un mal sueño, pero sabía que estaba despierto, totalmente despierto pues no hacía ni cinco minutos que había tomado café en aquél tugurio de mala muerte y allí preguntó al camarero, de cara apergaminada, por la dirección que buscaba… ¡Ah, ya! ¡Cómo no se había dado cuenta antes si estaba clarísimo!... Se había equivocado de camino y había ido a meterse directamente en la “boca del lobo”.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Rutinas



Siempre que volvía tarde a casa el cuadro que contemplaba era el mismo: una bandeja encima de la mesa de la cocina con un cubierto y un plato tapado con otro boca abajo para tratar de evitar (sin conseguirlo) que se enfriase el contenido.
Mi madre se rebullía en la cama procurando que el somier chirriase un poco como avisándome de que había estado despierta para esperarme. Los ronquidos de mi padre llenaban el ambiente dando cumplida información de su estado de tranquilidad acerca de mi tardanza. Mis hermanos en su litera dormían plácidamente.
Casi de puntillas y sin hacer ruido arrimaba la silla a la mesa de la cocina después de cerrar la puerta y destapaba la cena sabiendo que no habría sorpresa, tenía huevos… con patatas fritas.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Un cuento chino



Entró en el bazar decidido a comprar algo, no importaba el qué, sino únicamente por el hecho de comprar, de gastarse el dinero que le habían regalado por su cumpleaños antes de que su madre, con buen criterio, se lo arrebatase para meterlo en la cartilla de ahorros que, aunque todos decían que era suya, no había manera de sacar dinero de ella. Era como si se lo tragase la tierra y nunca más se supo, por eso aquella tarde, al salir de casa de la abuela con el billete de diez euros estrujado en la mano, se dirigió al paraíso de sus deseos.
         La china de la caja le miró con desconfianza cuando le vio penetrar en el local y perderse en el dédalo de pasillos con estanterías hasta el techo y le hizo un gesto al chinito que tenía al lado. Éste salió como un sabueso en su persecución para vigilarle disimuladamente, pero él no notó nada, tan absorto estaba contemplando todo aquello que se ofrecía a su vista y que tanto había deseado. Iba sumando mentalmente los precios de los artículos que pensaba comprar, (y eso que el maestro decía que tenía mala cabeza para los números), pero antes de que estuviera contento con su elección la cantidad se la pasaba del presupuesto.
         Dio vueltas y más vueltas con el chinito pegado a sus talones como si fuera su sombra pero no consiguió una combinación de juguetes adaptable a sus diez euros y, al cabo de unas dos horas y el chinito a punto de caerse de cansancio, decidió llevarle el dinero a su madre y esperar a tener edad suficiente para gastarse el fruto de sus ahorros.

jueves, 29 de agosto de 2013

Volvieron las lluvias



Esta madrugada la bóveda celeste se abrió y dejó escapar toda el agua de los pantanos celestiales con un enorme estrépito de rayos, truenos y relámpagos que yo afortunadamente no oí porque tengo taponado un oído y estaba durmiendo de lado y menos mal porque le tengo algo más que respeto a las tormentas.
Cuando nos hemos levantado, la inundación en el salón de la casa era evidente pues se quedaron abiertas las ventanas y no nos dimos cuenta así que llevamos todo el día secando cojines. La piscina a punto de rebosar y es que nos cayeron encima nada menos que 80 litros por metro cuadrado entre las seis y las once que es cuando salió el sol y que al jardín le han venido de perillas.
Esperemos que esta noche no se repita el fenómeno y, por si acaso, dejaremos las ventanas bien cerradas.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Adiós, Geibal, hasta el verano que viene



         A los dos meses justos, es decir, ayer a las seis de la tarde nos reunimos todas las familias que acogemos niños y niñas saharauis en la provincia de Córdoba. Aunque este año han sido algunos menos, los acogidos han sido más del centenar. Y, por más que todos sabemos que se tienen que ir con sus familias, no cabe duda que el nudo en la garganta era inevitable: las últimas fotos, los últimos besos y abrazos,… Los que peor lo pasaron son los que saben que ya no volverán el próximo año porque han cumplido la edad máxima para participar en la actividad. (¡Ánimo, Ana, ya mismo podrás volver al Sahara para pasar unos días con la familia de Salaqu y Salka!).
         Geibal volverá el próximo verano y acompañada de Fatima Gaia (la hermana de nuestro Brahím) con lo que la alegría será doble.