miércoles, 30 de mayo de 2012

Delirium Tremens


Cuando sonó el despertador lo apagó de un manotazo y siguió en la cama durante unos minutos sopesando si debía o no levantarse tan temprano.
 Al fin, un tanto desganado, optó por lo primero y se dirigió pesadamente al cuarto de baño. Se duchó con agua fría para salir definitivamente del sopor en que lo había sumido la calurosa noche de verano, se afeitó y se observó detenidamente en el espejo como intentando reconocerse en aquella imagen que el azogue le devolvía. Cuando estuvo conforme con su aspecto se vistió con una camisa de mangas cortas de color azul y un pantalón gris de estilo deportivo y tuvo que meterse debajo de la cama para alcanzar sus zapatos.
Intentó preparase un café pero, después de buscar infructuosamente en la cocina, decidió desayunar en el bar de la esquina.
Las sorpresas desagradables continuaron cuando encontró el ascensor averiado y tuvo que bajar por la escalera desde el noveno piso donde vivía, pero como no hay dos sin tres, el bar de la esquina estaba cerrado a cal y canto y, por más que miró y remiró a través de las rendijas que dejaban las cortinas, no vio a nadie dentro que pudiera abrirle.
Quiso coger el coche para llegar a la oficina pero se había dejado las llaves en casa y prefirió ir a pie antes que volver a subir y bajar los nueve pisos.
Por el camino iba pensando en lo erróneo de su decisión de levantarse, debía haberse quedado en la cama durante toda la mañana y así reponer las fuerzas gastadas en la juerga de la noche anterior. Había sido formidable, no había parado de beber y de bailar en aquella discoteca, de cuyo nombre no se acordaba, con aquella preciosa chica que aparecía borrosa en sus recuerdos, sí, seguramente había sido la madre de todas las juergas.
Se sobresaltó cuando alguien le tocó en el hombro y le dijo:
- ¡Oiga!, ¿quiere hacer el favor de volver a la cama y no levantarse más? Ya van cuatro veces que le he tenido que conectar el gotero y, por si era poco, me ha roto el frasco de suero. ¡Hay que ver la guerra que dan los que llegan a urgencias con delirium tremens!


martes, 29 de mayo de 2012

Un nuevo Superhéroe


Aquella situación era insostenible, el silencio se podía cortar con un cuchillo y la tensión del momento sólo era comparable a la de una película de Hitchcock. Era totalmente necesario resetear e intentarlo de nuevo procurando no caer en los mismos errores.
Despertó de su sueño bañado en un sudor frío y temblando como un azogado y entendió que había sido una premonición, que aquello aún no había sucedido pero que, con toda seguridad, sucedería más tarde o más temprano y su ensoñación era una señal para que estuviera preparado cuando los acontecimientos se produjeran realmente.
Jonás comprendió que si se volvía a repetir todo el proceso anterior al suceso que desencadenó la tragedia, tal vez pudiera evitar un desastre que podría acabar con toda una generación.
Era estrictamente necesario reproducir paso por paso todo lo que, como espectador privilegiado, había sucedido ante su vista. Ahora no dejaría que las cosas sucedieran sin intervenir para modificarlas, ya sabía cuál sería el desenlace en caso contrario así que se aprestó a la lucha contra todo aquello que pudiera significar un peligro para la humanidad, se iba a convertir en un superhéroe de leyenda.
Lo primero y principal sería definir su aspecto de superhéroe y era necesario elegir bien tanto el atuendo como las armas. Para ello comenzó a buscar fotografías del Capitán América, Superman y los demás salvadores del mundo para confeccionar un diseño lo más original posible pero que los recordase a todos. Probó de una y mil maneras a combinar los elementos de las vestimentas pero no consiguió ninguna versión que le satisficiera por completo.
Al final, y después de estrujarse el cerebro durante horas y horas, una luz le iluminó la mente y tomó la decisión en un instante: Sería el “Vengador Desnudo”.


lunes, 28 de mayo de 2012

Feria del Libro: Rueda de Prensa


Yo nunca había asistido a una rueda de prensa y mucho menos como persona que va a ser preguntada. Cuando me dijeron que debía participar en representación del Equipo de Reforma del Colegio Séneca me cogió de sorpresa pero consentí en pro de no desairar a la persona que me lo proponía y, también, por la curiosidad que tengo por participar en cosas nuevas para mí.
Estuve todo el viernes acordándome del asunto pero luego, con la actividad del fin de semana, la cosa pasó a segundo término hasta que el lunes se me vino encima y yo sin preparar nada, la verdad sea dicha había poco que preparar para un acto que era casi del todo imprevisible y sólo debía refrescar un poco los recuerdos de aquellos años en que sucedió la experiencia así que sin más papeles que mi memoria me fui para el Ayuntamiento donde debía celebrarse el acto.
Cuando llegué a la Casa Consistorial coincidí con mi antiguo compañero y director, Bartolomé, que también había sido invitado al evento.
En la sala de comisiones se celebró el acto en el que participamos el Alcalde, los concejales Reyes Lopera y Miguel Santos, Bartolomé y este humilde servidor y, en la “acera de enfrente” (es una metáfora) estaban los representantes de los medios de comunicación: Diario Córdoba, ABC, El Día de Córdoba, Cadena SER y Guadalquivir Televisión. El Alcalde inició el acto para que la concejala de Cultura hiciera la presentación general de la Feria del Libro y el concejal de Educación introdujera el tema del homenaje al equipo de reforma del antiguo Colegio Séneca. Por último intervinimos Bartolomé y yo explicando a grandes rasgos algunos de los avatares que nos tuvieron ocupados tratando de mejorar la educación durante más de siete años. Se abrió un turno de preguntas que, a mi entender, no dio demasiado juego y el Alcalde cerró el acto.
El sábado próximo continuará esta historia y prometo contarla.

sábado, 26 de mayo de 2012

Que no nos toque un Roque


Si había algo a lo que Roque temía era a las consecuencias de decir la verdad. En sus años de infancia y adolescencia cuando su padre le preguntaba si había ido al colegio, él decía siempre que no porque, en caso contrario, le preguntaría si el profesor estaba contento con su trabajo, si había hecho los deberes en clase, si las notas eran buenas etc.,… pero contestando negativamente sólo se exponía a un guantazo y a quedarse castigado, cosas a las que estaba acostumbrado y no le suponían un gran contratiempo. Mentía pues para ahorrarse problemas mayores.
Con los años esta costumbre se instauró en él con tanto arraigo que llegó a ser un mentiroso profesional. Falseó su curriculum y obtuvo un puesto de trabajo en el que ganaba el dinero a espuertas y no tenía que hacer prácticamente nada. Con el producto de esta actividad montó una oficina de información comercial para engañar a las empresas acerca de sus posibles clientes y encima cobraba cantidades astronómicas por ello. Sacó todo su capital del país y lo envió a un paraíso fiscal antes de declararse en quiebra para no tener que pagar a ninguno de sus acreedores y, además, como sus deudas eran tantas y tan grandes, le metieron en la cárcel pero salió al poco tiempo porque, según decía, había tenido un comportamiento ejemplar.
Si continúa en esta línea, ¿quién sabe a dónde podrá llegar en un futuro no demasiado lejano?
Seguramente los “Roques” no existen, ¿o sí?

viernes, 25 de mayo de 2012

Algo inexplicable…


Quería gustar a todo el mundo pero sólo conseguía el rechazo más humillante. Lo intentó de todas las maneras que se le ocurrieron y nada, no había nada que hacer, todo fue en vano, hasta que un día, posiblemente el día menos pensado, sucedió el milagro, la “inversión copernicana”: Todas querían ser amigas suyas, todas querían hacerle su confidente, el depositario de sus secretos a voces. Ahora siempre se encontraba rodeado de chicas que se disputaban su atención y luchaban entre sí por acapararle.
¿Qué había pasado? ¿Qué sucedió para que este cambio radical se produjera? Pensó y pensó pero, por más que lo pensara, no fue capaz de encontrar una explicación que justificara la nueva situación de su persona con respecto a “ellas”, pero,… ¿y con respecto a “ellos”?, ¿acaso no le miraban con envidia?, no estaba seguro del todo aunque percibía que le observaban de manera diferente:
Un día lo comprendió todo, fue cuando decidió declarar su amor a Conchita que le tenía loco desde la más tierna adolescencia. Después de escucharle con cara de sorpresa mayúscula, ella le preguntó: ¿Pero tú no eras gay?

miércoles, 23 de mayo de 2012

Se parecía al Padre


- Afortunadamente no se parece a su padre, - dijo Doña Engracia cuando salió de la habitación.
- Pues tampoco se parece demasiado a la madre y, sin embargo, ha salido de sus entrañas y yo he sido testigo, - repuso Francisquita con un cierto retintín en la voz.
- Lo mejor que podemos hacer es callarnos que en boca cerrada no entran mosquitos – sentenció Doña Engracia.
- ¿No eran moscas? – preguntó la fámula y completó – En boca cerrada no entran moscas.
- Eso será en la tuya que la tienes bien grande pero yo soy una señora y tengo boquita de piñón – apostilló  la Doña.
- Según para qué – rezongó por lo bajo Francisquita.
- ¿Decías algo, Francisquita? – preguntó malhumorada Doña Engracia.
- No, nada,… hablaba conmigo misma,… cosas mías… - se defendió la criada.
Bajaron la escalera y cruzaron el patio porticado, la señora se fue a su gabinete y Francisquita a la cocina a preparar el almuerzo para toda la familia como era su obligación.
Carolina, la hija menor de Doña Engracia hacía tres días que había dado a luz a su primer hijo y acababa de trasladarse desde el hospital hasta la casa de su madre con el fin de reponerse según los consejos maternales que no escondían otra cosa sino el mantener alejado de su hija al novio no deseado que le había dejado embarazada a su hija de su corazón.
A la hora de comer, Doña Engracia le ordenó a Francisquita que preparase una bandeja para que Carolina no tuviera que bajar al comedor y, cargada con ella y, bajo la atenta vigilancia de la señora, subieron al dormitorio donde descansaba la recién estrenada madre.
- No te levantes, Carolina, - ordenó la madre con cariño – Francisquita te lo ha preparado todo en una bandeja.
Ayudó a su hija a incorporarse y le colocó un almohadón en la espalda para que estuviese más cómoda.
- Trae la bandeja, Francisquita, - dijo Doña Engracia arrebatándosela de las manos para colocársela a Carolina en el regazo.
Francisquita se quedó mirando al bebé, que dormía plácidamente en su cuna, con cara de tonta. No en vano ella también estaba ya en la casa cuando nació Carolina y la quería como a una hija.
- ¿Se puede saber qué estás mirando con esa cara de bobalicona? – inquirió Doña Engracia con un tono un tanto receloso.
- Pues nada, - respondió – me fijaba en lo que se parece a su padre y a su madre.
- Se parece a su madre – decidió la señora – porque de Antonio no tiene ni el aire.
- ¿Cómo va a parecerse a Antonio, mamá? – terció Carolina –si acaso se parecerá a Don Matías.
- ¿A Don Ma-tí-as? ¿Al cu-ra? – silabeó Doña Engracia desmayándose acto seguido ante la mirada atónita de Francisquita.


domingo, 20 de mayo de 2012

Terapeuta virtual


Manuel hacía tiempo ya que no sonreía. La alegría desapareció de su vida un día de repente y, sin saber por qué, se encontró inmerso en una depresión agobiante que le tenía metido en su casa y sin salir a la calle desde hacía dos años.
Con gran esfuerzo hacía los pedidos al supermercado cuando el frigorífico se quedaba completamente vacío y ya no tenía ningún alimento que llevarse a la boca. Al menos su instinto de supervivencia no le había abandonado. Su familia, en cambio, había decidido dejarle solo cuando vieron que era imposible ayudarle a salir de su postración y sólo conseguían amargarle más aún la vida.
Y se quedó solo, en la más absoluta soledad, sólo los más negros de sus pensamientos tenían cabida en aquella casa, casi disfrutaba martirizándose diciéndose a sí mismo que él era el único culpable de aquella situación aunque realmente no tenía ni la más remota idea de cómo había llegado a su actual estado.
Pasó momentos en los que hasta pensó en quitarse la vida y descansar de tanto sufrimiento pero algo le hacía intuir que aquella situación no podía ser eterna, que, en algún momento, volvería a sentirse una persona normal, es más, lo ansiaba con todas sus fuerzas pero nunca parecía llegar aquella hora.
Desconectó el timbre de la puerta para no oírlo cuando alguien llamaba y, si lo hacía golpeando la puerta con la mano, se escondía en su habitación y metía la cabeza debajo de la almohada hasta que comprobaba que el visitante había desistido y se había largado.
Tan solitario quería estar que quitó todos los espejos de la casa para no ver ni siquiera la imagen de su cara. Únicamente traspasaba los umbrales de su intimidad aquella voz que contestaba el teléfono en el supermercado y llegó un momento que se sentía reconfortado con las cuatro palabras que cruzaba de cuando en cuando con aquella chica que le saludaba cordialmente y le deseaba un buen día. ¿Un buen día? Como si sus días pudieran de dejar de ser el calvario que tanto tiempo llevaba padeciendo.
Poco a poco las ganas de vivir fueron retornando a su ser de la misma forma inexplicable con que desaparecieron hasta que un día, armándose de valor, se duchó, se vistió y colocó los espejos con el fin de afeitarse  y también se rapó la cabeza para mostrar un aspecto más agradable y aseado y decidió salir a la calle.
Cuando salió al exterior dirigió sus pasos directamente al supermercado. Tenía una necesidad imperiosa de conocer a aquella chica que, sin querer, le había ayudado tanto.
Llegó al establecimiento y preguntó a la cajera:
- ¿Dónde está la chica que atiende el teléfono cuando se hacen los pedidos? – dijo con urgencia.
La cajera le miró de arriba abajo y contestó sonriendo:
- Vd. perdone pero esa chica no existe, es sólo la voz grabada del contestador automático.


sábado, 19 de mayo de 2012

Debutante (2ª parte)


Cuando sonaron los clarines, Andrés se aproximó a la puerta de los sustos y agarró con fuerza el cabo de soga que servía para abrirla. Esperó a sentir la presencia del novillo en el chiquero y se aprestó a tirar de la puerta con un gesto lo más airoso posible, no en vano había estado ensayando el movimiento durante la última semana y no quería quedar mal ante todo el público que esperaba deseoso contemplar cómo el burel salía al ruedo.
No se oía ni un ruido tras la puerta y comenzó a ponerse nervioso. Ya debían de haberle insertado la divisa y el novillo golpearía los laterales del estrecho camino que le conduciría a la arena, pero no, no se escuchaba nada de nada, ni siquiera un leve rumor que le indicase que debía franquear el paso a la res.
La verdad sea dicha, Andrés no estaba seguro de nada. Nunca había tenido la más mínima experiencia al respecto y por ello no estaba seguro de qué decisión tomar. Por una parte podía entreabrir la puerta y tratar de atisbar por una rendija si el animal estaba ya preparado o bien podría seguir esperando hasta escuchar alguna señal inequívoca de que la fiera estaba en disposición de salir.
Andaba en estas disquisiciones cuando la voz de su madre le despertó del sueño en el que navegaba desde hacía ya un buen rato:
- ¡Andrés, hijo, levántate ya, que tienes una cita de trabajo a las nueve y son ya las siete y media! No hagas esperar al empresario de la plaza que la cosa no está como para perder oportunidades.


viernes, 18 de mayo de 2012

Rojo


Rojo sol de atardeceres,
rojo de ascua y candela
en la fragua.
Rojo de traje torero,
rojo vivo de amapola
en el trigal.
Rojo rubor de muchacha
cuando se acerca el galán.
Rojo traje de flamenca
en la caseta ferial.
Rojo el fuego de tus ojos
que abrasan solo con ver,
rojo el carmín de tus labios
y rojo, rojo,... el clavel.

jueves, 17 de mayo de 2012

Debutante


“Eran las cinco en punto de la tarde
Eran las cinco en todos los relojes”
…
Andrés recitaba mentalmente el poema de Lorca mientras esperaba el momento más importante de su vida después de su propio nacimiento. Su nacimiento, ¡qué lejos estaba ya aquél día en que su madre dio a luz a su quinto hijo (no hay quinto malo), a su Andrés de su alma y de sus desvelos!, desvelos, sí, desvelos, porque Andrés no había sido un niño difícil pero sí un tanto rebelde sobre todo en lo tocante a los estudios y a la elección de su futura profesión.
Su madre hubiera querido que fuese Ingeniero como había sido su padre a quien no conoció ya que murió en un accidente dos meses antes de que Andrés naciera, era pues hijo póstumo y por eso fue su madre la encargada de velar por el porvenir de sus cinco vástagos, todos ellos varones y todos ellos médicos menos Andrés a quien los libros le daban alergia o algo parecido porque no había querido tocarlos a partir de la adolescencia que es donde se suelen agudizar este tipo de enfermedades según decía Federico, el hijo mayor, que era especialista en medicina interna y algo debía saber al respecto.
Pero hoy era para Andrés el día más feliz de su vida, era el día de su debut, el día que había estado esperando desde que acudió por vez primera a la escuela de tauromaquia donde su amigo Antonio se preparaba para ser torero, torero sí, matador de toros y, casi con toda seguridad, figura del toreo al cabo de pocos años.
El sonido de los clarines le despertó de su ensimismamiento, tenía que prepararse porque la puerta de cuadrillas ya estaba abriéndose. Se colocó bien el sombrero de ala ancha y se estiró la chaquetilla del traje corto, cuando acabase el paseíllo y sonasen de nuevo los clarines, él tenía que abrir la puerta de toriles y dar larga al primero de la tarde.