sábado, 8 de agosto de 2015

Hay de todo



         Hay muchas clases de médicos en los hospitales:
         La mayoría, afortunadamente, visitan a sus pacientes y ponen todo su interés en aliviarles, como mínimo, y en intentar por todos los medios curarles.
         Hay otros que sólo reciben en consulta y les recetan lo que estiman mejor para su salud después de hacerles algunas pruebas sencillas como auscultarles, tomarles la tensión y el pulso.
         También los hay que recetan sin mirar siquiera al enfermo y, a veces, aciertan como el que juega a la ruleta rusa.
Por último hay algunos que se dedican a pasear con el fonendo colgado al cuello para que se sepa cuál es su profesión.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Luna azul



         El tinte tornasolado del horizonte de Poniente iba disolviéndose lentamente para fundirse con la negrura de la noche que, poco a poco, iba adueñándose del paisaje.
         La Luna, detrás del horizonte de Levante, se iba vistiendo con sus mejores galas para después hacer acto de presencia inundando con su luz plateada todo el ambiente y dando principio a esa “Luna azul” que sólo de vez en cuando nos es posible disfrutar a los mortales...

domingo, 2 de agosto de 2015

En paz



         No se lo dijeron. Pensaron que era mejor que no supiera nada… Aunque, tal vez, fuera un error y hubiera sido mejor informarle del asunto, pero no, no se lo dijeron. Pensaron que era mejor que no supiera nada… Posiblemente, si hubiera estado informado, la cosa habría sido diferente, pero no, no le dijeron nada. Pensaron que era mejor que no supiera nada y así se murió, sin saber que se iba a morir, aunque él lo sabía pero no les dijo nada. Pensó que era mejor que no supieran nada y así le dejarían morirse en paz.

jueves, 30 de julio de 2015

Desvelado



         Se abrió primero mi ojo izquierdo… ¿Seguro que fue el izquierdo?... Déjame que lo piense… Sí, estoy seguro de que fue el ojo izquierdo porque estaba acostado sobre el lado derecho y el ojo de ese lado estaba tapado con la almohada… Bueno, en cualquier caso, da igual si se abrió primero el izquierdo o el derecho porque al final se abrieron los dos.
         Una rendija de luz se colaba por la puerta del cuarto de baño… ¿Habría amanecido ya o me dejé encendida la luz cuando me acosté?
         Me levanté de la cama sin hacer ruido para no molestar a mi mujer y me acerqué al baño,… definitivamente era la luz que se quedó encendida.
         Miré el reloj de la mesita de noche: las cinco y cuarto de la madrugada. Es pronto para levantarme, pensé, pero ya que he salido de la cama me daré una vuelta por la casa por si hay otra luz encendida.
         Salí al distribuidor. Por la ventana del estudio llegaba la luz del farol de la cochera. Las dos habitaciones del fondo tenían las puertas cerradas. Las abrí y cerré una por una y comprobé que todo estaba en orden. Cerré con cuidado la puerta del cuarto de baño amarillo y la del estudio.
         Me dirigí al salón y a la cocina. Todo estaba perfectamente. Volví a la cama no sin antes cerrar la puerta del dormitorio: mañana es domingo y no hace falta madrugar…
         (Tres horas y cuarto más tarde)
         ─ ¡Qué pasa! ¿Quién habla a voces? ─ Me desperté sobresaltado.
         ─ ¿Por qué gritas? ─ Preguntó igualmente sobresaltada mi mujer.
         ─ ¡Maldita sea! Se me olvidó quitar la alarma del despertador.

viernes, 24 de julio de 2015

Me tomaré un descanso



         Llevo ya dos meses escribiendo mis entradas desde el hospital y creo que ha llegado el momento de interrumpir esta faena para dedicarme a la micronovela que he estado pergeñando durante este tiempo y que llevará como título “El caso de la Baronesa promiscua”.

         Cuando esté terminada la colgaré también en el blog. ¡Hasta pronto!

martes, 21 de julio de 2015

Cambio de decorado



         Al cabo de dieciocho días en el hospital de Málaga nos hemos trasladado al Reina Sofía de Córdoba con lo que estoy bastante más cerca de  mi casa.
         El establecimiento es mucho más moderno y luminoso. Sobre todo tiene un hall de entrada donde suceden multitud de acciones observables a poco que uno fije su atención.
         Visitantes  con la ansiedad pintada en el rostro que se dirigen a la escalera de acceso a la U.C.I. , otros que van hacia los ascensores para visitar a los enfermos que ya están en habitaciones, (éstos ya van mucho más relajados e incluso charlan animadamente cuando van en grupo). Los hay que entran mirando a todas partes con cara de preocupación que desaparece cuando encuentran lo que buscan: el WC.
         Lo más gracioso sucedió ayer tarde: el hall estaba prácticamente vacío y una señora se paró ante una de las puertas que deberían abrirse automáticamente pero no fue así sino que, después de permanecer esperando un par de minutos, cayó en la cuenta del enorme letrero que tenía ante sus ojos: “Puerta averiada, pase por la otra, por favor”.
         La mujer hizo lo que decía el letrero y, cuando entró, como yo era el único testigo de su problema, se dirigió a mí diciendo: “Pues ayer no estaba ese letrero cuando vine a ver a mi prima”, pero, una de dos, o no vino ayer o entró por otra puerta porque el letrero lleva puesto una semana.
         También están los que salen a fumar y vuelven con cara de satisfacción después de tomar su dosis de nicotina.
         En definitiva, que el hall del hospital es un lugar de lo más entretenido y además permite saludar a los paisanos y paisanas que pasan por allí a lo largo del día.

lunes, 20 de julio de 2015

Ola de calor



         Estamos sufriendo un verano como los de antes solo que ahora tenemos aire acondicionado que, de alguna manera, ha colaborado a que nuestro organismo pierda en parte aquella capacidad de adaptación que nos hacía menos vulnerables a los rigores de la estación estival.
         No debemos obsesionarnos con las temperaturas que marcan los termómetros que hay en las calles porque estos están al sol y la temperatura como factor de contraste del tiempo meteorológico hay que medirla a la sombra y eso son diez grados menos que al sol como media.
         Habrá que hidratarse, protegerse del sol en las horas centrales del día y dormir la siesta que por algo es un invento nacional

domingo, 19 de julio de 2015

Situación “comprometida”



         Sabía que algo le faltaba… efectivamente, se había dejado la cartera con el dinero y toda su documentación, pero ¿dónde?
         Se detuvo unos instantes para tratar de recordar los bares en los que había estado y comenzó a recorrerlos empezando por el primero de ellos.
         Cuando llegó al último de los locales visitados preguntó si se habían encontrado allí su cartera. El barman hizo un gesto y todos los parroquianos se pusieron en pié ovacionándole calurosamente.
         Se quedó de piedra sin saber qué decir ni cómo reaccionar hasta que el camarero le explicó:
         “El señor que estaba en la barra junto a Vd. me dijo que volvería a recogerla pero, mientras tanto, que invitara a todos los clientes de su parte para que tomasen lo que quisiesen… (Se interrumpió un instante y continuó) Como no había bastante dinero, me debe Vd. setenta y cuatro euros con cincuenta céntimos”.

sábado, 18 de julio de 2015

Ella nos espera



         Es la siesta el refugio mejor para pasar las tórridas tardes del verano que, de otra manera, se hacen interminables.
         La monótona voz del locutor que narra la etapa del día de la Vuelta a Francia es la píldora adormecedora que nos sumerge en brazos de Morfeo hasta que algún ruido diferente nos vuelve a la realidad para, al poco, volver al sopor que nos acuna sudorosos mal que le pese al aire acondicionado.
         Un duermevela sigue a este momento en que nos quisiéramos levantar del sofá o de la tumbona para aliviar la sed que nuestra boca reseca reclama sin descanso y que al final, triunfante, nos lleva al frigorífico donde la jarra de agua helada nos espera.

viernes, 17 de julio de 2015

Taxi



─¿Está libre?
─Ya no.
─¿Entonces no me puedo subir?
─Sí, por supuesto que puede.
─Pero no dice que está ocupado.
─Sí, por Vd.
─Pues yo aún no lo he ocupado.
─Ocúpelo y nos iremos de aquí que estamos provocando un atasco.
─¿Cómo lo voy a ocupar si no está libre?
─¡Oiga, me está poniendo de los nervios! Era sólo una forma de hablar. ¡Suba de una vez!
─Yo no estoy dispuesto a subir a un taxi que está ocupado.
─Pues no suba. Cierre la puerta y me voy.
─¿Y dónde encuentro yo un taxi libre?
─A estas horas de la noche y lloviendo es bastante difícil.
─Bueno, en ese caso me iré andando.