martes, 22 de marzo de 2016

Recuerdos: El castillo de Maimón



Es una casona construida cerca del barrio del Naranjo cordobés. Concretamente a mitad de camino del puente de hierro del antiguo ferrocarril Córdoba - Almorchón.
Conocí el lugar gracias a los “paseos de émulos” que ya conté se celebraban cada semana en el colegio de los Maristas donde estudié. Allí íbamos pues en él estaba ubicado el noviciado y podíamos dejar la impedimenta que llevábamos para luego  dirigirnos al arroyo que pasaba bajo el puente de hierro con objeto de pescar ranas y algún que otro remojón, amén de buscar algarrobas que estaban buenísimas.
Cuando, después de terminar el bachillerato y pasar dos años en Alcalá de Henares disfrutando con la tuna (para mi familia estaba estudiando telecomunicaciones), volví a Córdoba, el director de los Maristas me contrató (verbalmente por supuesto) para dar clase de matemáticas y física a los novicios de Maimón y así estuve yendo tres días a la semana durante tres años para trabajar y, sobre todo, descubrir mi vocación de docente.
En el Castillo de Maimón coincidí con uno de mis antiguos profesores: el hermano Maurino, quien a la sazón ejercía allí como prefecto. Un poco por llevarles la contraria a los “curas” o por mi sentimiento de lucha contra la injusticia, conseguí que los novicios pasaran las Navidades con sus familias, cosa que no había sucedido nunca en la historia del noviciado.
Lo más curioso de mi relación con el edificio fue que allí pasó su niñez mi abuela Isabel, la madre de mi padre, cuando era propiedad de no sé qué condes o marqueses para quienes trabajaba mi bisabuelo.

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