Como ya sabemos, Faustino era manco del
brazo izquierdo, del que se había desembarazado con la ayuda del león. Cuando le llevaron al hospital aprisa y
corriendo, le curaron y, curiosamente, a partir de ese momento su salud mejoró
de tal manera que su médico no sabía cómo había ocurrido. Faustino sabía que su
relación “alimentaria” con Leoncio, el león del parque zoológico, era la causa
de aquella mejoría aunque tampoco podía explicar el porqué.
Habida cuenta de lo sucedido con Faustino,
la fama de Leoncio fue creciendo a pasos agigantados y fue tal la afluencia de
gente que venía a ofrecer partes de su anatomía al león que hubo que reforzar
la vigilancia de la valla de protección. Elevaron su altura a ocho metros y la
coronaron de “concertinas” para evitar que los desesperados pacientes saltaran
y se acercaran a la jaula de Leoncio para que les comiera algo.
Un día el alcalde, harto ya de gastar
dinero para impedir el paso a los enfermos, cogió su rifle de caza y se dirigió
al parque zoológico. Entró decidido y avanzó hasta la jaula del león con la
intención manifiesta de descerrajarle un tiro pero la valla era ya tan tupida
que difícilmente podría pasar un disparo así que, en un arranque de
electoralismo, mandó quitar cualquier obstáculo que pudiera impedir el paso a
quienes venían con la ilusión de buscar una curación costase lo que costase.
Lo malo fue cuando se acercó a la jaula una
señora que padecía de fortísimos dolores de cabeza…
Supongo que sólo cabía esperar que le arrancase la cabeza. Curioso relato. Feliz domingo.
ResponderEliminarUn abrazo.