miércoles, 3 de octubre de 2018

La deuda impagada (3)


¿Por qué había elegido viajar por carreteras secundarias donde no había ni una gasolinera? ¿Pensaba que ahorraría tiempo? Pero ahora no era el momento de hacerse reproches sino de continuar el camino y llegar a un lugar habitado lo más pronto posible.
Continuó pues la marcha procurando no andar ni demasiado deprisa ni, tampoco, demasiado despacio, se trataba de adaptar su paso a sus no excesivas fuerzas y así garantizar que llegaría a un lugar que no sabía a cuanto estaba del sitio donde se había parado su camioneta y volver con un mecánico que la pusiese en marcha o la remolcara.
Los recuerdos del asunto con el cacique volvieron a ocupar sus pensamientos:
Cuando al día siguiente volvió a casa de don Aurelio a las once en punto de la mañana, todavía tuvo que hacer antesala durante más de media hora hasta que el administrador le hizo pasar al despacho.
El “refugio de la fiera” era una habitación rectangular bastante espaciosa, al fondo tenía un enorme ventanal y, delante de éste, se encontraba una mesa grandísima y un sillón donde el cacique estaba sentado mirando hacia afuera, es decir, dándole la espalda…


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